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Renunciar

13 June, 2006

Escrito por Gonzalo Haya Prats - Para Eclesalia

Si tienes comida en la nevera, ropa en el armario, un techo sobre tu cabeza y un hogar donde dormir, eres más rico que el 75 % de la población mundial”. Somos privilegiados, aunque a veces nos sintamos menos afortunados porque vemos a otros con un coche más potente, un chalet en la playa, o unas vacaciones más exóticas.Nuestro privilegio se consigue con la explotación de las materias primas de otras regiones, con el hambre y la enfermedad de la mano de obra barata, o desechable. Nuestra tecnología utiliza minerales africanos, y nuestros pantalones se confeccionan en los talleres inhumanos de Asia.En Francia se rebelan los hijos de inmigrantes que por su origen se ven excluidos en las selecciones de personal. No son pobres pero tampoco saben que son privilegiados, porque ven en los escaparates, en la televisión, o en los escalafones de la Administración, los bienes de los que ellos quedan marginados.El modelo económico actual no sólo es injusto sino que aumenta la presión hasta que estallan las torres gemelas, Bali, la estación de Atocha, el metro de Londres, y los hoteles de lujo de Kuwait o de Amman.Entretenemos el tiempo indagando las causas del enfrentamiento porque no queremos reconocer que la injusticia extrema provoca reacciones extremas.El político que pretende cambiar estas reglas injustas se queda fuera del círculo en el que se mueve el dinero: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio. El poder económico se impone al poder político porque el poder político no se siente respaldado por nosotros, los ciudadanos. Eso hace posible que 500 ricos acumulen unos ingresos equivalentes a los de 416 millones de pobres.No nos rebelamos contra el modelo económico porque, aunque en las últimas filas, somos privilegiados. Los políticos no proponen un modelo más justo porque perderían nuestros votos. Nosotros no presionamos a nuestros políticos porque supondría más impuestos, menos ayudas a la agricultura, y listas de espera más prolongadas. No queremos perder nuestros privilegios. Somos cipayos de nuestros colonizadores.Los cristianos tenemos doble motivo para avergonzarnos. Acallamos nuestra conciencia, como la mayoría, creyentes o no creyentes. Además sustituimos la misión de Jesús -llevar la buena nueva a los pobres- por ofrendas, templos, y prescripciones humanas. Los profetas han sido desplazados por los supervisores (episkopoi, obispos). Si los obispos de todo el mundo, y de todas las religiones, asumieran el clamor de justicia que brota de todas las religiones, y de todas las conciencias, el poder político de los pueblos se impondría al poder económico.Si nuestro hermano tiene algo contra nosotros -y está claro que lo tiene- antepongamos la reconciliación, busquemos a Dios “en espíritu y en verdad” sin refugiarnos confortablemente en “el templo de Jerusalén” o en las bendiciones de Roma.

9 comments

  1. De Weber en adelante, varios pensadores vienen acusando al catolicismo de ser la causa de la pobreza de muchos países por no admitir la “ética puritana” que está en la base del capitalismo: léase, individalismo, legitimación de la usura, exitismo económico, vinculación de la pobreza con la vagancia. Otros no ven en la Iglesia más que alianza con el dinero y las riquezas. ¿En qué quedamos? ¿Son todos ciegos? La Iglesia, desde las enseñanzas de Jesús y los Apóstoles, pasando por los Padres y los Doctores, hasta la formulación moderna de su Doctrina Social, ha enseñado los principios y las normas para que el orden económico permita - dentro de lo que es humanamente posible - que los bienes se produzcan y se distribuyan según las necesidades humanas, según justicia. No sólo lo ha enseñado, sino que de su seno surgieron instituciones antes desconocidas, como los gremios profesionales, los hospitales, las organizaciones dedicadas a velar por la niñez abandonada, los cottolengos, etc. Que de hecho haya católicos - papas, obispos, sacerdotes, religiosos, laicos - que muchas veces no lo hayan vivido, es otro cantar. Otros sí lo han vivido. Judas vendió al Señor por dinero y robaba de la bolsa común, a pesar de sus protestas en favor de los pobres. Jesús se preocupó de todos los necesitados y sin embargo no tuvo reparos en elogiar el derrame de un caro perfume en su honor. Que no son incompatibles el lujo en el culto a Dios y la justicia con los pobres. Nadie tiene derecho a disputarle a la Iglesia Católica, Apostólica, Romana el mejor puesto en el combate contra la injusticia y sobre todo contra las injusticias causadas por esas dos “estrutucturas de pecado” que son la “avaricia institucionalizada” del capitalismo liberal y la “envidia igualitaria” del socialismo en cualquiera de sus formas. Que se estudien las enseñanzas católicas y luego hablamos

    Fernando


  2. Perdon Fer, pero creo que tomaste el escrito para cualquier lado. Creo que la autocritica es a nosotros como cristianos, a cada uno, a mi mismo. Y me parece que es valida. En ningun lugar lei “La iglesia es la causante de la pobreza”. Pero no podemos negar que a veces quedamos lejos de la realidad.

    No quiero entrar en la discusion sobre el lujo en el culto, se que no llegaremos a nada. Pero me parece que estaria bueno que releas el texto de nuevo, sin leerlo a la defensiva. A mi me parece concreto, prudente y real.


  3. El párrafo que motivó mi crítica es el que dice: “Además sustituimos la misión de Jesús -llevar la buena nueva a los pobres- por ofrendas, templos, y prescripciones humanas. Los profetas han sido desplazados por los supervisores (episkopoi, obispos). Si los obispos de todo el mundo, y de todas las religiones, asumieran el clamor de justicia que brota de todas las religiones, y de todas las conciencias, el poder político de los pueblos se impondría al poder económico”.

    LA MISIÓN DE JESÚS ES LLEVAR LA BUENA NUEVA A LOS POBRES, A TODOS LOS NECESITADOS, TAMBIÉN REALIZAR OFRENDAS (¿NOS OLVIDAMOS DEL ÓBOLO DE LA VIUDA?), SER ADORADORES EN ESPÍRITU Y EN VERDAD SIN NEGAR LA NECESIDAD DE TEMPLOS PARA EL CULTO A DIOS (COMO LOS APÓSTOLES QUE ATENDÍAN A LOS POBRES Y ERAN ASIDUOS A LA ORACIÓN, LAS ENSEÑANZAS DE LOS APÓSTOLES Y LA FRACCCIÓN DEL PAN, PRIMERO EN CASAS Y LUEGO EN TEMPLOS CRISTIANOS), Y VIVIR EN CRISTO, UNO DE CUYOS ASPECTOS ES PROCURAR CUMPLIR LOS MANDAMIENTOS (”QUIEN ME AMA, CUMPLE MIS MANDAMIENTOS”). NO HAY LUGAR PARA LA DIALÉCTICA.

    Y NO ME GUSTA TANTA AUTOCRÍTICA CUANDO SE IGNORA LO QUE LA IGLESIA HA HECHO A LO LARGO DE LOS SIGLOS Y SIGUE HACIENDO EN FAVOR DE LA JUSTICIA. REPITO, LO QUE SEAN CONDUCTAS INCONSECUENTES CON EL EVANGELIO, HAY QUE DENUNCIARLAS. PERO EL TONO ME PARECIÓ DE PURA DENUNCIA Y POCO RECONOCIMIENTO A LO QUE SE HA HECHO Y SE HACE

    Fernando


  4. En cuanto lo que tenga que hacer como cristiano y más allá de mis innegables defectos al respecto, no me siento identificado con el catolicismo burgués que se denuncia en el artículo, como tampoco con el catolicismo tercermundista que algunos plantean como solución, sino con el catolicismo a secas. Con el Evangelio del Sermón de la Montaña: las Bienaventuranzas, el Santo Abandono, la oración, el ayuno y la limosna, la primacía de la Gracia y la Ley explicada en su sentido pleno por el Señor. Que incluye la opción preferencial por los pobres (que son todos los necesitados, no sólo los proletarios de la sociología marxista)

    Fernando


  5. Está bien, lo que pasa es que terminás cayendo en lo mismo que criticás. Te quedás con una parte y no ves el todo, y en especial el fondo de la cuestion. Tomando sólo ese párrafo tal vez te entienda y (con alguna que otra diferencia) estaría de acuerdo con vos. Pero tomaste lo menos significativo del texto, te agarraste de eso y repondiste en consecuencia.

    A mi lo que me queda no es que el autor dice que no tiene que haber templos, tampoco una critica a la Iglesia, sino un reconocimiento de que los cristianos (incluso él mismo aun desde su postura tercermundista como decís) no hacemos todo lo que habría que hacer. Y yo eso lo comparto. Desde mi. Y también lo comparto desde Iglesia, que no es solo el vaticano.

    Hay que cambiar mas. Lo que yo entiendo del texto no es que no debe haber templos, al contrario, son necesarios. Pero eso ya está. No hay una necesidad insatisfecha de templos o si la hay en algun lugar donde el cristianimso es perseguido habrá que hacer algo con eso. Pero no es “el tema” a resolver. Sí lo es que yo soy cristiano, predico algo, pero tengo todo y no termino de salir de eso y (en el fondo y como bien dice el autor) terminamos aceptando todo como está (aplacado con alguna que otra ayuda) pero la realidad del 80% del planeta es hambre, enfermedad, violencia, despojo, injusticia, desprecio, y tanto mas.

    No te inlcuyo a vos, como no incluiria a muchos, cada uno sabe. Lo puse porque yo me sumo a esa autocritica, no por demagogia sino porque la siento adentro. Y también la siento como autocrítica de la iglesia a la que pertenezco. Y como raza humana a la que tambien pertenezco.

    Sds,
    Martin.


  6. ¿Cuál es el “tema esencial” a resolver por el cristianismo?

    Si el problema fuera,
    - la falta de templos,
    - la mala nutrición
    - la enfermedad
    - la violencia
    - o, la injusticia terrena;

    Cristo habría fundado,
    - una empresa constructora,
    - una fábrica de alimentos,
    - la Organización Mundial de la Salud,
    - una ONG pacifista,
    - o, una Policía Mundial y un Tribunal de Justicia Internacional.

    Pero se me ocurre que el “tema esencial” del cristianismo pasa por otro lado.

    ¿No será la Redención? ¿O es un paraiso terrenal?

    Saludos.


  7. Me vino a la mente una frase muy vieja (de un tema de pink floyd)

    “Distribuyan la Riqueza!!!!!!! (pero no toquen mi tajada)”

    Esa creo que es la actitud actual del católico promedio. Hay extremos, en ambas direcciones, pero así somos. Se las dejo…


  8. Jesus no fundó nada para solucionar problemas.

    Fundo una Iglesia. Una comunidad. Pero una comunidad “metida”en este mundo, con esta realidad, con poderosos que quitan dignidad y avasallan (y vaya si Jesus lo sufrio en carne propia).

    Por otro lado, Jesus siempre priorizo las cosas, muchas veces viendo lo urgente antes que lo “mas importante”.

    Igualmente el planteo del texto no es ése.

    Comparto lo de Mysterio, y repito que no generalizo, para que nadie se sienta aludido. Vuelvo a decir…puse el texto porque me siento identificado y el texto no refleja la totalidad de los cristianos, pero si una gran cantidad creo. Saquemonos las caretas…


  9. Bueno, ok, tal vez escribí a la defensiva y eso empobrece el debate. Comparto lo que dice Martín en líneas generales, pero creo que la clave está en lo que dijo Pablo: la Iglesia, precisamente cumpliendo su misión de anunciar a Jesucristo, de proclamar el Reino de Dios, es como mejor trabaja por la promoción humana. Defender la dignidad del hombre, la justicia, la solidaridad, etc. es parte del Mensaje evangélico. Negarlo, ocultarlo o suprimirlo es mutilar el Evangelio. Pero el corazón del Evangelio es Cristo y lo primero y principal que la Iglesia debe hacer es llevar a las personas al encuentro personal y eclesial con Jesucristo. Si hace eso, lo demás se dará por añadidura: por un lado porque Jesús así lo prometió - “buscad el Reino de Dios y su justicia, y TODO lo demás se os dará por añadidura” -, como también por la sencilla razón de que no se puede predicar a Cristo y obviar las exigencias de la justicia o hacerle ojitos a los Amos de Este Mundo…

    En lo personal, me aplico todo eso: luchar por ser más justo, más pobre, más comprometido con el bien común, con la justicia, y sobre todo con la santidad que Dios espera de mí…

    En lo social…creo que el mundo moderno busca la añadidura sin el Reino…y así estamos…Un orden social y político cristiano no es una utopía y siempre estará lleno de defectos, pues el Reino definitivo será el Esjatológico…pero allí donde hubo comunidades y naciones cristianas (como en la Cristiandad medieval o en la Hispanidad), creo que hubo más preocupación por la justicia y la dignidad humana que en el mundo laicista (liberal, socialista o fascista) de la Modernidad…El culto del dinero es hijo de Calvino, no de la Edad Media…Por algo dijo Chesterton que la Reforma Protestante - al menos en Inglaterra - fue una rebelión de los ricos contra los pobres…Y por algo fueron sobre todo campesinos los que se rebelaron contra la Revolución Francesa en la Vendée, contra el liberalismo en las Guerras Carlistas, contra la Masonería en la mexicana Guerra Cristera, contra la oligarquía protestante y plutocrática en Irlanda, etc…

    Debemos ser cristianos con todas las letras, también las de la justicia. Por eso no basta con proclamar el Cristianismo (la religión) sino también la Cristiandad (la instauración cristiana del orden temporal, que es precisamente la misión que tenemos los laicos). La Cristiandad no es el totalitarismo de la religión, con la consecuente supresión de los valores humanos legítimos, sino precisamente la plenitud de dichos valores, ordenados y jerarquizados por la Fe. No hay ni habrá mundos neutros: el mundo será laicista, islámico, marxista o cristiano, pero nunca neutro. No lo haremos cristiano a la fuerza ni matando herejes, pero debemos hacerlo cristiano, si queremos que sea más justo…(es más, en un mundo así, en el cual lo profano se ordena a lo sacro, sin separación laicista ni confusión fundamentalista, los no cristianos podrán gozar de la legítima libertad que el mundo moderno niega a los cristianos) Sí, claro, para eso…ciertos eclesiásticos, laicos y demás…también tienen que ser más cristianos…Si la parte humana de la Iglesia fornica con Mammón…Ya lo dijo el Señor: “No podéis servir a Dios y al Dinero”…Pero tenemos ejemplos de santos a patadas para aprender cómo vivir el cristianismo con verdadero espíritu de pobreza, caridad, justicia, opción por los últimos…

    Termino citando a Castellani: léanlo con detenimiento, no tiene desperdicios:

    “No me gusta lo que llaman hoy “comunismo cristiano”. Me gusta el comunismo natural, que se produjo espontáneamente en las grandes épocas de la fe: cuando los fieles llevaban sus bienes a los pies de los Apóstoles y dos “malos ricos”, Ananías y Zafira, caían muertos a los pies de San Pedro, el cual esperamos que les abrió luego las puertas del cielo, después de un castigo tan fiero. ¡Qué mirada les habrá echado el primer Papa para hacerlos caer muertos! ¿Por qué no habrá hoy día Papas así, terror de los millonarios? Amo al comunismo natural, cuando Santa Isabel Reina de Hungría besaba las llagas de un leproso —¡qué asco!, dice mi patrona Doña Isabel, que es criolla hija de vascos—. Ese comunismo natural existe todavía a veces entre los fíeles de la Cristiandad. Yo lo he visto en España, donde me tocó vivir la miseria. Los pobres de España no podrían vivir si no tuviesen una tremenda solidaridad… comunista natural entre ellos. El famoso “problema de los hijos” no existe allá entre los pobres; si no les dan de comer los padres, les da de comer la tía, la abuela, la prima, la vecina; e incluso, la enemiga. Esa solidaridad ante la miseria, es allá un resto de cristianismo —Como en Ud. y yo—. Quizás esa solidaridad furiosa los hizo levantarse en la más tremenda guerra civil; no lo sé, no entiendo de política. Lo que sé es que aquí, entre nosotros, no pasará eso; no hay solidaridad. Somos “un pueblo rico” según los economistas.

    Somos profundamente cristianos, pero ricos. España es nación pobre —siempre según los economistas—.

    Pero estaba hablando de Jesucristo ante la miseria. Jesucristo no eligió la miseria, como un fakir, sino solamente al fin de su vida, en la Cruz; cuando ya no tenía más que predicar, sino sellar con sangre su predicación. Entonces fue verdaderamente miserable, el más miserable de los hombres; porque era necesario que probara todo lo que es del hombre. Entonces no imprecó contra los “malos ricos” que lo crucificaron: pidió perdón por ellos. Pero no un perdón tolstoyano o budista, ¡ah, no!; porque los condenó en su misma misericordiosísima súplica: “no saben lo que hacen”. Tremenda palabra: ellos estaban seguros de saber lo que hacían como unos gerifaltes: no sabían lo que hacían.

    Luego, Jesucristo, si vuelve, es capaz de arreglar todo este desbarajuste de la miseria y el dolor —que no arreglarán los comunistas, perdone Ud.—. Pero ¿quién puede creer que vuelve?

    …………………………………………………………………………………………….

    Tengo la impresión de que esto que llamamos comúnmente Iglesia, y que no nos parece responder a las descripciones deslumbrantes del rey David, o de San Pablo, es una “estructura temporal” ya cansada y gastada, nacida en la Contrarreforma, y llamada a finar con ella, y que la nueva época que se viene, si es que se viene, exige imperiosamente que se barra un poco, si no del todo. Pues es de saber que varias “estructuras temporales” se fabricó para sí la religión de Cristo y su Espíritu, en el curso de la Historia. Gregorio el Magno organizó la Iglesia tras los esquemas de Diocleciano, Inocencio Nono, la calcó sobre las líneas feudales… Y si hicieron eso , es porque vieron que el otro esqueleto anterior les falluteaba. Como nosotros vemos, que fallute la actual estructura, la actual “burocracia impersonal del Vaticano, que no es la Iglesia” —como la llamó un gran teólogo alemán—.

    Puede ser que veamos mal. Puede ser que “la Iglesia nunca ha estado mejor que ahora” como dice el P. Armelín. Pero nosotros, si la vemos así, no podemos verla asá. ¿O es que tenemos que meter aquí también las benditas paradojas, y decir que “nunca ha estado mejor y nunca ha estado peor que ahora?”.

    Yo lo que sé es que existe una fuerza creciente, y poderosamente organizada, el comunismo, que opina que la Iglesia está hoy peor que peor. El comunismo, desde que nació, no ha dado un solo paso atrás; y humanamente hablando, es invencible. Desde que Marx lanzó, en 1853, su famoso Manifiesto comunista el comunismo ha hecho progresos inmensos; y en este centenario se puede decir con verdad, que ha triunfado. Cuando yo llamo a este siglo “el siglo del Socialismo” o digo, citando a Desiderio Fierro y Cruz que “el ateísmo ha vencido”, se me enojan mis cofrades, y me dicen: “¡No diga eso! ¡Eso no debe decirlo nunca un sacerdote”. Y entonces yo no lo digo más. Lo pienso.

    Si el comunismo triunfa en el mundo, y no extermina a la religión de Cristo, por lo menos va a barrer con toda esta estructura temporal, que actualmente sostiene la religión de Cristo y, a los ojos de los más, la constituye. Los comunistas en el poder, podrán aguantar la imagen de Cristo, pero no podrán aguantar, es seguro, el retrato de Monseñor (…) en las iglesias (…); y al Vaticano lo dejarán, pero lo van a podar, por lo menos, todos los museos los van a hacer propiedad del Estado. Mi cura párroco, que vive obsedido por ese triunfo que dije arriba, sostiene que si los comunistas toman Roma, van a renovar los jardines de Nerón con sus antorchas vivientes, en que todos los monsiñori de Roma, se van a quemar en su propio sebo. Yo no lo creo. Los italianos no son de esa laya, y Nerones ha habido uno solo. El dice que eso está en un programa comunista escrito en eslavo, que él mismo tradujo. Error de traducción. Pero que bajo los comunistas, los monsiñori no van a poder hacer tanto sebo, en eso estamos de acuerdo.

    En una palabra, o el comunismo es el Anticristo, o no lo es. Si no lo es, el comunismo obligará a la Iglesia (a mí el primero), a limpiarse, y desaparecerá ante la alborada de una época mejor que la nuestra, quizás esplendorosa ¿qué sabemos? También desapareció el albigenismo, que se le pareció tanto; y surgió el siglo de San Luis IX.

    Si el comunismo es el Anticristo, entonces emprenderá a barrer no ya esta estructura temporal gastada y cansada de la religión de Cristo, sino por entero la misma religión de Cristo. Y entonces, forzará a que Cristo retorne, después de una breve y temible agonía de todo su cuerpo místico. ¡Que Dios nos dé vida para verlo! O mejor dicho, que Dios haga como mejor le parezca. Si nos da vida, que nos dé también fuerzas para verlo y aguantar.

    Pero CRISTO VUELVE de cualquier manera, vuelve en los dos casos: o invisiblemente, en forma de una reacción purificadora de nosotros, los míseros cristianos de hoy, o visiblemente y personalmente, cuando a nosotros la potencia política del Estado Mundial nos haya hecho polvo.

    ¡Vuelve, oh Señor Jesús! ¡Maran-Atha!” (Carta a Leónidas Barletta)

    Fernando


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