Visto que también se habló ligeramente sobre el Marxismo, la Teología de la liberación, etc. me parece oportuno iluminar con este texto de JL Segundo.
Ratzinger como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe emitió la conocida Instrucción Vaticana sobre la Teologia de la Liberación. Dicho documento recibió como respuestas otros tantos escritos entre los que se destaca el de JL Segundo.
Transcribo a continuación un extracto de dicho documento en el que aborda el tema de la Teología de la Liberación y el Marxsimo, tratando de poner en claro que las cosas tienen que ser abordadas con seriedad, concretamente y sin generalizacines vagas que lo único que hacen es confundir. Es un poco largo, pero vale la pena.
1. El problema con el marxismo
a) La lógica del sistema marxista
La segunda parte del documento aborda el tema de las relaciones de la TL con distintos elementos del marxismo. Un primer problema radica en el hecho de que, si son varias las teologías de la liberación, muchas más son las corrientes o tendencias dentro del marxismo (VII,8). Pero, aunque se reconoce esta pluralidad, se pasa a hablar simplemente del “marxismo” -y no de “marxismos”- como si se tratara de un todo ideológico absolutamente indiferenciado y plenamente coherente. La fuerza interna del marxismo es tal, según el documento, que no se puede tomar de él un elemento de análisis sin verse “obligado a aceptar al mismo tiempo la ideología” (VII,6), así como “el tipo de sociedad totalitaria a la cual conduce” (VII,7).
Más aún, el documento se interesa en detectar “marxistas involuntarios”: lo serian, sin saberlo, todos los que han admitido algún elemento del marxismo. No hay interés manifiesto por determinar quien de los teólogos latinoamericanos se declara marxista, sino quien lo es realmente, aun sin decirlo o saberlo.
Se presume que en lo que es realmente marxismo -independientemente de las intenciones- hay una lógica interna inexorable que lleva al ateismo, al materialismo, al totalitarismo. Ahora bien, ¿quién puede autoritativamente declarar y determinar qué es realmente el marxismo en sí mismo? El marxismo se presenta como una teoría filosófico-sociológica, y es desde instancias filosófico-sociológicas desde donde ha de ser explicado y juzgado. La Iglesia puede juzgar de lo relativo -directa o indirectamente- a la fe: y en este sentido podrá decir si algunas o muchas o aun todas las afirmaciones de los marxistas atentan contra la fe. Lo que no podrá decir es lo que el marxismo es en sí mismo, más allá de lo que los mismos marxistas digan ser, o lo que los filósofos o sociólogos juzgaren sobre ello. El juicio sobre la naturaleza y la lógica o coherencia interna del marxismo -o de cualquier otro sistema filosófico o científico- no es un juicio teológico.
Desde luego el magisterio de la Iglesia puede y debe advertir sobre el peligro de admitir algo “que no se ve como pueda ser compatible con la fe cristiana”, o que lógicamente podría llevar a negarla. El documento parece dar por supuesta la tesis de que el marxismo por lo menos lleva lógicamente a tal negación. Pero esto no es argumentado: y al admitir que hay ciertamente muchas interpretaciones del marxismo, cuesta pensar que estemos frente a un sistema de lógica tan férrea y unitaria que el que acepta cualquiera de sus elementos se haya de ver necesariamente abocado a aceptar todo el sistema. Si así fuera se habría acabado las discusiones y diversas interpretaciones que se dan entre los mismos marxistas.
Los teólogos de la liberación insisten en que ellos, cuando más, sólo toman algunos elementos de análisis marxista. Y, además, los complementan y corrigen con elementos procedentes de otras fuentes. Muchos sociólogos, como Max Weber, Manheim y otros, usan elementos procedentes del marxismo, sin por ello aceptar todo el sistema. Más aún, en la doctrina social de los Papas, y singularmente en la encíclica Laborem Exercens de Juan Pablo II , se utilizan elementos de análisis marxistas, como podría ser la contraposición entre capital y trabajo, o la categoría de “alineación” . Ciertamente la Instrucción hace una llamada de atención, digna de ser muy tenida en cuenta, contra el uso ingenuo y acrítico de cualquier tipo de análisis. Pero esta no es una llamada que afecte sólo a la TL: ha de afectar a cualquier teología que reflexione sobre la realidad humana interpretada a partir de cualquier sistema filosófico o sociológico.
Sin embargo, el documento quiere señalar una especial peligrosidad que parece propia del análisis marxista. Se trata de “un verdadero sistema, aun cuando algunos duden de seguir su lógica hasta el final. Este sistema como tal es una perversión del mensaje cristiano… Así pues, este mensaje se encuentra cuestionado en su globalidad por las teologías de liberación” (IX, 1). O sea que, a pesar de que en el marxismo se presentan diversas corrientes que divergen notablemente entre si, en cuanto son “realmente marxistas” todas son incompatibles con la fe, y no se puede tomar nada de ninguna de ellas sin hacer peligrar la fe. Hay un texto clave para comprender lo que el documento considera como esencial en el marxismo: El ateísmo y la negación de la persona humana. de la libertad y de sus derechos están en el centro de la concepción marxista… Querer integrar en la teología un análisis cuyos criterios de interpretación dependen de esta concepción atea, es encerrarse en ruinosas contradicciones”(VII,9).
b) El ateismo de Marx
Nadie negará que Marx se presentó como ateo, ni que casi todos los gobiernos que se autodenominan marxistas hagan también profesión de ateísmo militante. Lo que tal vez no esté tan claro -mientras no se pruebe- es que todos los elementos de análisis social cultivados por el marxismo dependan de una concepción atea y pongan necesariamente al creyente que quiera utilizarlos en contradicción con su fe.
Aquí, como es sabido, hay marxistas y marxólogos que defienden opiniones diversas. Unos defienden que es esencial al marxismo una metafísica o concepción global de la realidad que sería atea. Otros defienden que propiamente el marxismo no puede presentarse como sistema metafísico, desde el momento en que pretende ser una ciencia positiva y empírica de la realidad social: y en este sentido no puede afirmar o negar la existencia de Dios, aunque ciertamente al proclamar la dependencia que las ideas abstractas y los sistemas de valores tienen con respecto a las realidades económicas, tiende a relativizar aquellos sistemas de ideas y de valores, entre los que se hallarían los valores religiosos. En este sentido el “materialismo histórico”, supuestamente científico y positivista, sería como causante indirecto de actitudes ateas. Otros aún consideran que Marx fue de hecho ateo porque vivió en una situación histórica en que de hecho la religión tenía una función meramente conservadora del status quo y “alienante”: el ateismo de Marx sería entonces “accidental” e históricamente condicionado, y podría darse por superado desde el momento en que se reconozca que aquella función conservadora de la religión es en realidad una perversión de la religión auténtica. Puede decirse que tal vez una gran mayoría de marxistas actuales que intentan con un uso serio de la lógica dar razón del ateismo marxista no colocan la negación de Dios como elemento central y necesario del sistema. ¿No parece excesivo que venga ahora la Iglesia a decirles que si se profesan marxistas han de profesarse necesariamente ateos o que si no profesan el ateismo como punto central del marxismo dejan de ser marxistas?
c) El marxismo y los derechos de la persona humana
También queda abierta a interrogantes la afirmación de que en el centro del marxismo se halla “la negación de la persona humana y la de su libertad y sus derechos”. Por lo menos nadie podrá negar que el marxismo, de manera apta o equivocada, nació precisamente para luchar contra esa negación tal como la sufrían millones de personas en el comienzo de la revolución industrial, en un momento en que las Iglesias apenas si habían tomado conciencia del problema. Y las diversas tendencias dentro del marxismo coinciden casi unánimemente en la intención de afirmar en la sociedad la persona humana. liberándola de la opresión y alienación a que a menudo se ve sometida en el actual sistema de relaciones socio-económicas. Que el marxismo como históricamente se ha desarrollado en muchos lugares no lo haya conseguido, es otra cosa. (Y habría que ser cauto en juzgar si por lo menos no lo ha conseguido en cierta medida, contribuyendo directa o indirectamente al progreso y mejora de las relaciones sociales). Condenar el marxismo por sus realizaciones defectuosas es lo mismo que condenar el cristianismo por los métodos de la Inquisición o por la prepotencia política de los Papas medievales. Lo que habría que discutir con los marxistas de buena fe -y no sólo dictaminar desde un magisterio inapelable- es si las realizaciones defectuosas constituyen desviaciones o perversiones accidentales, o dependen de fallos internos y esenciales del sistema.
El documento dice que “el desconocimiento de la naturaleza espiritual de la persona conduce a subordinarla totalmente a la colectividad” (VII, 9). Pero resulta que en países y épocas oficialmente cristianos, en que no se dudaba del carácter espiritual de la persona, se daban los mismos o semejantes abusos con mil formas de absolutismo o despotismo, a menudo bendecido por los representantes de la Iglesia. Y por lo menos en América Latina, el hecho que desde la conquista se estableciera una forma de sociedad nominal y ostensiblemente cristiana, no ha llevado a un reconocimiento; real y efectivo de la dignidad y derechos de las personas, sino más bien a todo lo contrario.
d) Marxismo y materialismo
Hallamos también ambigüedad en la acusación de “materialismo”. De hecho Marx escribió innumerables cosas sobre las necesidades espirituales del hombre, sobre las relaciones humanas que surgen del trabajo, sobre la libertad y el carácter vocacional que debe tener para que el hombre se realice como tal y tenga ocio para su desarrollo espiritual y humano, hasta el punto que el mismo Juan Pablo II haya podido retomar muchos de estos temas en su encíclica Laborem Exercens.
Muchos marxistas no admiten que al hablar de “materialismo” quieran negar que la persona humana tenga algo de verdaderamente espiritual. Lo que se contrapone al “materialismo” no es el carácter singular y “espiritual” de la persona humana, sino que es el “idealismo” de estilo Hegeliano, que pretendía explicarlo todo a partir de la pura “idea”, sin prestar atención a las condiciones reales y “materiales” de la existencia humana. Hay que admitir, sin embargo, que Marx, en su sospecha justificada contra aquel “idealismo”, seguramente cayó en el extremo opuesto de querer explicar el hombre por sus condiciones materiales, preparando el camino para las soluciones simplistas que han adoptado sus seguidores en regímenes profesadamente marxistas. Queda que son muchos los marxistas que reconocen aquí una desviación de las auténticas premisas de Marx.
El documento, sin embargo, mantiene que “el pensamiento de Marx constituye una concepción totalizante del mundo… Los a priori ideológicos son prespuestos para una lectura de la realidad social. Así la disociación de los elementos heterogéneos, que componen esta amalgama epistemológicamente híbrida llega a ser imposible, de tal modo que, creyendo aceptar, solamente lo que se presenta como un análisis, resulta obligada la ideología” (VII,6). Es necesario preguntarse si es propio de la teología determinar si este carácter epistemológicamente único pertenece o no al marxismo. No parece que corresponda a la teología decir la última palabra sobre cualquier género de conocimiento, desde el matemático al sociológico, si no quiere correr el riesgo de un nuevo caso Galileo. El documento reconoce que aquí se requiere “un examen crítico de naturaleza epistemológica” (VII,4). Ahora bien, este examen crítico no se hace en el mismo documento; pero pasa a hablar como si ya se hubiera hecho y hubiera dado resultados inconcusos contra el marxismo.
Juan XXIII, había hablado mucho más cautamente de distinguir entre “teorías filosóficas falsas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico social y político, por más que tales iniciativas hayan sido originadas e inspiradas en tales teorías filosóficas; porque las doctrinas, una vez elaboradas y definidas, ya no cambian, mientras que tales iniciativas, encontrándose en situaciones históricas continuamente variables, están forzosamente sujetas a los mismos cambios. Además ¿quien puede negar que, en la medida en que estas iniciativas sean conformes a los dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones de los hombres, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?” (Pacem in Terris,nº.153).
Fuente http://www.fespinal.com/espinal/castellano/visua/es13.htm