Cuando empecé con esto de los blogs, de la mano de Xavier, uno de los primeros blogs que visité y que me visitaron fue el de Cruz y Fierro. En las grandes discusiones que se han armado acá debo reconocer que es uno de los que ha mantenido mayor tranquilidad al debatir. En muchas cosas estamos en veredas opuestas dentro de la misma búsqueda (cosa que queda evidenciada en esta entrevista), pero eso no impide que podamos encontrarnos en la mesa del diálogo y del debate, como en este caso…

1) La pregunta del millón, ¿Quién es Cruz y Fierro?. No puedo negar que desconcertás. Conoces a todo el mundo, manejás mucha información…
Ja, ja, ja. Digamos que soy uno de los misterios de la vida… como el número de congregaciones de monjas que existen.
2) ¿Por qué el nombre “Cruz y Fierro”?
En realidad fue una casualidad. Hace unos años, navegando en Internet fui a parar a un foro español de “jóvenes católicos con vocación política”, el Santo Tomás Moro. Como siempre hago en estos casos, lo leí por unas semanas, me gustó mucho el enfoque, y decidí intervenir. Habiendo tenido malas experiencias al usar mi nombre real en foros (incluso con amenazas telefónicas y problemas laborales), quise usar un seudónimo. Tiempo atrás había conversado con un amigo cuyo padre fue uno de los fundadores de la editorial “Cruz y Fierro” de los ’70. Cruz y Fierro hace referencia obvia al Martín Fierro y a su amigo, el bravo Sargento Cruz; pero sabiéndolo o no Hernández, Cruz y Fierro son de alguna manera representaciones del poder espiritual y el poder temporal, la cruz y la espada de que hablan los doctores medievales. Para alguien interesado en una visión cristiana de la Política, el seudónimo venía como anillo al dedo. Así, entonces, comencé a participar del foro Santo Tomás Moro con ese nombre y con el paso del tiempo quedó. De hecho, fueron miembros de ese foro los que me impulsaron a crear “el blog de Cruz y Fierro”.
3) ¿Cuáles blogs te atraen más y por qué?
Hoy por hoy, el mejor blog a mi entender es “Ens”. Su autor “baja línea” sin imponer, con humor y amor, respetando y exigiendo a su lector ocasional o habitual. A veces puede parecer demasiado elevado, pero prefiero a quien me obliga a esforzar, que el autor que me “da un palmadita en la espalda” y me trata como estúpido (abundan en la blogósfera).
Me gustaba muchísimo “Fotos del Apocalipsis”, pero creo que el autor en su nuevo blog, “Esperando Nacer”, ha ido derivando hacia cuestiones que ya no son de mi interés; además de cierto “bias” bastante infantil respecto a todo lo que huela a catolicismo militante.
Leo con frecuencia y con sumo gusto: La cigüeña de la torre, Embajador en el infierno, XavMP, Así estamos y algunos en inglés. También, de vez en cuando, me doy una vuelta por ROME –tratando de no hacerme mala sangre
4) Luego de los últimos debates en mi blog hace un par de semanas atrás (con choques fuertes por cierto), me quedé pensando si cuando se piensa tan distinto es posible el debate. ¿Cuál es tu pensamiento al respecto?
Es muy difícil. Mi experiencia (y cuando pensás como yo acumulás muchísima experiencia en debates y discusiones con amigos y conocidos) es que el 90% de los malentendidos se deben a discrepancias semánticas. Por ejemplo, tomemos la democracia: si no nos ponemos de acuerdo primero en qué entendemos por democracia, es imposible discutir con provecho (discutir por discutir sí es posible, pero lo bueno es poder sacar algo en limpio).
El blog no creo que sea un buen lugar para la discusión provechosa pero sí lo son, por ejemplo, los foros. En el FSTM, que nombraba más arriba, hemos visto varios casos de “conversión” o de nuevas amistades surgidas en discusiones a veces durísimas.
5) ¿Cómo ves la Iglesia Argentina hoy?
Creo que la Iglesia argentina, tomándola en sentido restrictivo (es decir, clero y laicos “dirigentes”), ha sido en toda su historia “tibia” y acomodaticia. No por casualidad, el único santo argentino (canonizado) vivió casi toda su vida en España, donde murió mártir. (Respecto a esto último, me decía hace mucho alguien muy leído en estas cuestiones, que cuando el Papa canoniza un santo lo hace con intención de dar ejemplo, de dar un mensaje al país al que le hace ese regalo. Pienso que por algo Juan Pablo II eligió a un mártir como primer santo argentino canonizado.)
Y la Iglesia argentina de hoy no es una excepción. Ayer fue procesista, luego lo fue alfonsinista, posteriormente menemista y, pasando por un breve delaruísmo, llegó hasta el presente kirchnerismo. Si hoy el viento sopla desde la izquierda, la Iglesia argentina es de izquierda, como en el futuro será macrista o lo que mande la partidocracia en ese momento.
Pero si hubo muchas excepciones muy dignas en el pasado, lamentablemente hoy están extremadamente marginadas. Un caso paradigmático es el del arzobispado de Buenos Aires. El mismo señor cardenal que tolera todo tipo de irregularidades litúrgicas y heterodoxias dogmáticas hasta el día de hoy, manda rápidamente a retiro al único sacerdote que se planta cuando la cuestión del ex obispo sodomita de Santiago del Estero.
6) Hablando de la Iglesia, he visto en algunos blogs y páginas últimamente un recurrente anuncio sobre posibles reformas litúrgicas, ¿cómo ves ese tema?
El tema litúrgico da para largo y no pretendo ni puedo agotarlo en este sitio.
Cualquiera que lea los textos conciliares o papales sobre estas cuestiones sabe que lo que hoy padecemos como liturgia en la mayoría de las Misas no surgió de ellos sino de la invención de ciertos iluminados, tan engreídos y petulantes como para tirar a la basura la tradición acumulada lentamente a lo largo de 2000 años por el pueblo cristiano y tan poderosos como para lograr imponer sus pareceres particulares a los pobres fieles de a pie.
Los hombres, los humanos, somos compuesto de cuerpo y alma. Ni alma solamente, ni cuerpo material únicamente. Por lo tanto, necesitamos signos sensibles, símbolos, metáforas, analogías, para referirnos al misterio de Dios y a todo lo que a Él se refiere. De ahí que necesitemos gozar del silencio, del incienso, de las campanitas, de los sirios y velones, de los ornamentos, de todo aquello que nos ayude a ingresar a ese “mundo” que nos es infinitamente lejano. Obviamente, sin la gracia no podemos hacerlo; pero para que la gracia actúe es necesario que la materia, la naturaleza, esté lo suficientemente bien predispuesta.
Además, la liturgia tiene fines didácticos, pedagógicos, importantísimos que se abandonan muchas veces en pro de un supuesto “aggiornamento”. La liturgia fue desde sus inicios el Catecismo de los pobres, hoy muchos lo olvidan y pretenden suplantarlo con larguísimos monólogos homiléticos. Y que inútil, cuanto más hoydía, cuando la palabra hablada ha pasado a un segundo o tercer lugar detrás de la imagen o la música.
El centro de la Misa es Cristo, no sólo en la Eucaristía también en la comunidad (eclesia), es verdad; pero, también y, en ese lugar (la Misa), primordialmente, en la Eucaristía. Muchos sacerdotes reemplazan la primacía de Cristo por el protagonismo de ellos mismos –ya sea bajo la forma de largas homilías, ya como experimentos litúrgicos.
En la forma antigua del rito romano (la mal llamada liturgia tridentina o de San Pío V) el sacerdote, al mirar “al Oriente” (al sagrario) junto al pueblo, era un “primus inter pares” (primero entre iguales); hoy al mirar al pueblo, se ha transformado en el protagonista (incluso, dejando a veces a Cristo a su espalda), en un “showman”. Al celebrarse en latín y según un canon bastante riguroso, la Misa de Cristo era la misma en la Argentina que en Rusia o en Angola, transmitiendo el sentido de la verdadera catolicidad de la Iglesia; hoy incluso a veces se nos hace difícil cambiar de parroquia y adaptarnos a la Misa de cada lugar. Esa misma Misa “vieja” apelaba a todos los sentidos externos e internos, al olfato, el oído, la vista, la imaginación… una Misa para hombres de carne y hueso, no para ángeles que deben hacer un esfuerzo terrible para creer realmente que lo que se está haciendo en una “misa rock” es una liturgia eucarística. Y así por el estilo.
La reforma postconciliar quiso agregar elementos bíblicos (en la himnodia, por ej.), simplificar algunos aditamentos barrocos (en los ornamentos litúrgicos, por ej.), volver a dar sentido de comunidad a la celebración (en algunas reformas arquitectónicas, por ej.)… todo válido (aunque entre los entendidos puedan haberse dado lugar a cierta sana polémica). El problema fue que muchos se aprovecharon de esto para imponer sus propias ideas a los demás rompiendo con la tradición “a piacere”.
En este punto es bueno recordar una anécdota que escuché una vez a un sacerdote. Contaba que una vez una señora, muy pobre ella, había gastado todos sus ahorros para comprar un cáliz de oro y piedras preciosas que vio en una vidriera de una casa de antigüedades de San Telmo. Cuando se la lleva al párroco, éste le dice (con esa petulancia y subestimación tan típica del cura progre) que no hubiese hecho eso, que cómo gastaba su dinero en eso, que aunque sea lo hubiese dado a los pobres. La señora se enojó y le dice que el cáliz no era para él, sino para Cristo. Poco a poco, ese sacerdote aprendió de su pobre feligresa la lección, abandonó el “activismo social” y se dedicó con mayor ahínco a su ministerio. No era difícil encontrarlo a cualquier hora en el templo, confesando, rezando, diciendo Misa, bendiciendo, bautizando… literalmente, a cualquier hora. Su comunidad, su feligresía, creció y las bendiciones (como dicen los
carismáticos) afloraron. El activismo social lo hicieron los laicos, como corresponde; cada uno en su lugar, por muy pequeño que sea, contribuyendo al bien común, “el bien de todos y de cada uno” como definió con genialidad Juan XXIII.
Conozco muchas historias semejantes en seminaristas que pasaron tiempo en santuarios como Luján, San Cayetano, la Virgen Desatanudos, etc. Los pobres e ignorantes les dieron una verdadera lección sobre la importancia de su ministerio que no habían podido transmitirles en el seminario cuando sus profesores preferían discutir si el Sermón de la Montaña fue dicho o no en una montaña o si San Juan fue o no quien escribió el Apocalipsis.
Cuando un sacerdote es realmente fiel a su ministerio, fiel a su vocación, a su esencia sacerdotal, a aquello por lo cual es sacerdote y no otra cosa, esa comunidad se multiplica y se santifica. Y la reverencia en el culto es un forma primordial de ser fiel al sacerdocio. Cuando un sacerdote usa del púlpito como de un lugar para hacer política, a veces bajo pretensión de solidaridad o sensibilidad social, esa parroquia se vacía y la comunidad se pierde. Fui a un colegio regido por sacerdotes abiertamente tercermundistas (conocí a muchos “curas villeros” y sus capillas en la 31 y la 32 de Barracas), y conozco esta evolución de primera mano.
Por lo tanto, cualquier renovación litúrgica con ánimo de poner orden, es por mí bienvenida. Porque el orden protege al débil, al pobre, al ignorante a los ojos del mundo, a esa mayoría silenciosa que vota con sus pies.
7) Tiro nombres, y definímelos en no más de 3 palabras.
Juan Pablo II: “mi” Papa.
Benedicto XVI: la Esperanza.
Fidel: tirano funcional a Bush.
Kirchner: payaso al servicio del Nuevo Orden Mundial.
Bush: ídem.
Aguer: un príncipe de la Iglesia (con todo lo bueno y todo lo –supuestamente—malo que eso connota).
Bergoglio: una veleta.
Para el final… como ves el Blog Rome (con total sinceridad)
Cuando recién lo conocí, creí que ROME sería similar a XavMP en cuanto a ser una especie de diario personal donde cada tanto el autor dejaría sus impresiones, pareceres, pensamientos con total libertad intelectual… Pero, luego, me di cuenta que (seguramente sin culpa suya) se había ideologizado; es decir, había perdido su capacidad crítica, criterio, para saber discriminar, distinguir, todo lo que viene del mundo “progre”. Había puesto sus fichas en determinada gente, en determinados curas, en determinados autores, y que veía con buenos ojos todo lo que de allí viniera, aún cuando su historia, su formación estuviesen en desacuerdo.
Conozco mucho el mundillo católico progresista… desde los más moderados “teólogos” hasta los más “revolucionarios” tercermundistas. Sé como puede impresionar en un principio su supuesto contacto con los pobres, con las miserias humanas, con los más necesitados. Tomé mate con curas villeros, jugué al fútbol con “sus pibes”, hice cursos de teología de la liberación, leí a Boff, Gutiérrez, al ex monseñor Podestá y a un cura guerrillero franco argentino cuyo nombre olvidé (¿Fabre?), escuché las clases del ex tercermundista Gera y las supuestas desmitologizaciones de Rivas, así como la “cristología” de la Hna. Felicitas… Y también conozco los efectos de estas prédicas en numerosos curas jóvenes, seminaristas, numerarios, postulantes, júniores, novicios y dirigentes laicos –muchos de ellos amigos y amigas muy queridos.
Conozco mucho la psicología católica berreta y los terribles efectos que puede tener, la espiritualidad emocional y afectiva de autoayuda que sólo ayuda (económicamente) al que da los cursos, el activismo que lleva al nihilismo y al derrotismo (cuando no a las ideologías utópicas o revolucionarias), la “nueva teología” que termina olvidando a Dios para cosechar honores académicos y mediáticos, el supuesto amor por los pobres que los subestima, conmisera y usa políticamente, los retiros y cursos vocacionales formulados para “hacer llorar”…
En fin, si ROME quiere explorar el mar de las opiniones teológicas novedosas, por mí bien, pero sólo le recomendaría que se quede cerca de la costa de la ortodoxia y la tradición y, de vez en cuando, suba a alguna roca firme (un Santo Tomás, un San Agustín, un San Francisco –si querés) a contemplar el horizonte. El horizonte de una historia bimilenaria, mucho más lineal de lo que nos lo quieren hacer creer, mucho más preocupada por transmitir rigurosamente “lo que hemos escuchado de los apóstoles” (como dice San Ignacio de Antioquía en el siglo II) que en innovar o adaptarse a los nuevos tiempos. Novedades que no son tales, sino los mismos errores de siempre, en cuanto nos ponemos a escarbar un poquito en ellas.
La Comunión Tradicionalista Carlista tiene un lema que me ha encantado, “la tradición es la esperanza”. Aprendamos de nuestros mayores, para poder enseñar a nuestros hijos.