
Principio misericordia
28 March, 2007Me dejó pensando mucho este texto de Joaquín Autrán. Se los dejo…


Me dejó pensando mucho este texto de Joaquín Autrán. Se los dejo…

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Me parece una contraposición tramposa. Una cosa no quita a la otra.
Quienes podemos y tenemos más o menos neuronas, tenemos la obligación moral de formarnos, y, obviamente, de hacer que lo aprendido se encarne en nuestra vida y no quede como letra muerta.
No me parece honesto plantear las cosas como que el magisterio es fruto de un intelectualismo desencarnado, y que se contrapone a la vivencia existencial del amor cristiano.
Como jueguito dialéctico es ingenioso, pero sigue siendo una trampa.
Estimado Rome: Me gustaría saber qué es lo que pensaste vos acerca del texto este.
Por mi parte, te adelanto (oh sorpresa) que es poco honesto, o francamente mentiroso (¿Palacio del Vaticano?). O directamente estúpido.
No hace falta ser doctor en teología para adherirse al Magisterio.
Una vez más se demuestra que existe una intención artera de hacer figurar los textos como contrarios a la praxis.
Con leer un documento (cualquiera) del Magisterio se puede aprender muchísimo y se ve a simple vista el amor incondicional, el espíritu de madre amorosa de la Iglesia.
Suscribo totalmente lo que expuso Milkus mas arriba.
Comienza ya de pique como para caer bien a los relativistas (”No sé donde está la verdad”). Y de ahí en mas empeora.
Saludos
La verdad, que no sé para qué sufre Joaquincito. La podría hacer mucho más fácil: Se compra una Reina-Valera, funda una Iglesia con Jon Sobrino, y listo.
No será una idea muy original, pero a mucha gente le gusta.
Yo me hago la misma pregunta: ¿Dónde está la verdad?
Pero a diferencia de quien escribe el artículo, no me doy una respuesta desde el vamos (como Marta a Jesús), sino que camino lo más fielmente que puedo y espero.
Por otro lado, pienso que Dios siempre va a querer “explicarnos”, pero hay que estar atentos. Y bancarnos que por ahí nos enseña cosas que no nos vienen como anillo al dedo. Y esto vale para todos los “bandos”.
Pero ciertamente, comprendo que muchos en la Iglesia tenemos un enfrentamiento entre el Cristo que hemos experimentado (y del que nunca podríamos renegar) y el cristianismo “de los mandamientos” que nos parece “frío o inhumano”. Creo que buscar integrar bajo la luz de la verdad y la misericordia esa APARENTE dicotomía es EL trabajo de toda una vida de fe.
Cristo es uno y una es también su Iglesia en ÉL. Digamos con María: ¿Cómo puede ser esto posible?
Tito: Agreguemos que además, se llenará los bolsillos siempre y cuando siga el “Método Pastor Gimenez”.
Princesa: Parte de lo que decís es una gran verdad. Es toda una vida lo que se necesita para encarnar lo que enseña la Iglesia.
No está demás recordar que el mejor teólogo que existe es el diablo, ya que conoce perfectamente la naturaleza de Dios.
Pero a diferencia del cornudo, podemos decir, con la Gracia, que LA verdad es Cristo y Su Iglesia. No sólo la Verdad, sino también camino y vida (acento en “camino” y “vida”). Pero desde la Verdad.
Por otra parte quisiera decir, con permiso, que este enfrentamiento jerarquía vs Cristo personal, suele basarse en un desconocimiento de la Iglesia. Los Mitos modernos ayudan a esto. Por eso también es cierto lo que decís: APARENTE dicotomía.
Saludos
Muret: luego de leer lo que me pusiste como respuesta, creo que hace falta muchos cristianos, que teniendo por verdad que la Iglesia es una, BUSQUEN comprenderla, comprendiendo a fondo a las dos partes (¿o más?) de esta aparente dicotomía, cuestión de no enfrentar este tema con palo y espada, sino con/desde/hacia la caridad, ya que encaminados o no, todos somos hijos de la Iglesia.
Princesa: Pues sí, hacen falta santos, como decía una y otra vez JPII.
Y otra vez tenés razón: la Iglesia es UNA.
En cuanto a lo de la caridad, otra vez acertaste.
Pero a veces uno se olvida (bah, yo por lo menos), que la caridad sólo puede partir de la verdad, de lo contrario no es caridad. Por supuesto que esto no significa de ninguna manera hacer del justo Abel, tronando desde la esquina, ya que la prudencia nos dice muchas veces primero tenemos que acompañar para luego, mas serenos, hacerle ver su error. Pero si nos olvidamos de hacerle ver su error, el caminar junto a él no serviría de mucho ¿no?.
En definitiva, todo se reduce a ver dónde cuernos tenemos el corazón. Si desde la Fe lo tenemos anclado en Cristo y su Iglesia, seremos fuertes pues convenceremos no por nosotros sino por El. Y se nos dará la luz para entender un poco mejor.
De modo que en realidad no hay que buscar comprender a la Iglesia, pues es lo mismo que comprender a Cristo. Sólo desde la Iglesia se lo comprende acabadamente a Cristo.
¿Se entiende?
Sorry por la perorata, pero bueh, se dió así.
Saludos
Estimados:
Este texto -escrito y dictado en el Palacio del Vaticano- refuta el texto de Rome. Lo hace también la entrañable imagen del pobrecito de Asís arrodillado a los pies del gran Papa Inocencio III, recibiendo la bendición del Vicario de Cristo. Me queda claro que el texto que muestra Rome es una falsedad tratando de introducir una falsa dicotomía entre caridad y verdad. Y, como siempre, es otro desleal e indirecto ataque de Rome a la Iglesia romana, visible, jerárquica, que preside en la caridad y nos da la norma de nuestra fe.
Saludos,
http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html
Estimado Juan Manuel: si hay algo en lo que creo coincidir con Rome, es en los desacuerdos, pero me parece que lo tuyo se va un poco de la raya.
Atribuirle “otro desleal e indirecto ataque de Rome a la Iglesia romana” me parece, como mínimo, una exageración.
Una cosa es creer que alguien está equivocado de cabo a rabo, otra muy distinta es atribuirle la intención clara y premeditada de difundir el error. Eso es cazar perdices en el tanque de los peces.
A ver si nos calmamos …
Estimados todos: Creo que la charla Princesa-Muret transparenta eso que yo titule “me dejo pensando”. Obviamente algun caido del catre o no tanto lo tomara como motro de mis objetivos para destruir a la Iglesia, pero no lo tomamos en serio (gracias Milko por tu comentario).
Voy. Yo creo que ese camino de toda la vida deberia incluir:
- Experimentar cada vez mas a Jesus desde lo propio
- Intentar comprender (es verdad, hace falta humildad), lo que la fria letra tratar de decir
- Trabajar personalmente para ver como se conjugan ese misterio personal con ese misterio magisterial
- Ytabajar eclesialmente (”desde adentro” lo llamaria yo) para que el misterio magisterial (la fria letra que se dijo aca) este cada vez mas cerca de esas experiencias personales que tenemos (el Jesus real)
Saludos a todos (a Soria tambien)
Rome
Milkus y Rome:
Estoy en desacuerdo. Es desleal para un católico -siquiera metafóricamente- oponer la Iglesia Roma a la caridad de Cristo. Y, directa o indirectamente, es lo que hace Rome y el escrito que postea (al hablar despectivamente del Palacio Vaticano que lo deja Frío, me recuerda a Lutero que quieren que les diga).
Sólo a quién no es católico Roma -la Iglesia fundada sobre la sangre de los apóstoles- lo deja frío.
Muy a punto vienen las palabras del Papa en la audienca de hoy, cuando engarza en uno los conceptos de Roma, Fe, Tradición y Carisma.
“…el Evangelio predicado por Ireneo es el que recibió de Policarpo, obispo de Esmirna, y el Evangelio de Policarpo se remonta al apóstol Juan, de quien Policarpo era discípulo. De este modo, la verdadera enseñanza no es la inventada por los intelectuales, superando la fe sencilla de la Iglesia. El verdadero Evangelio es el impartido por los obispos que lo han recibido gracias a una cadena interrumpida que procede de los apóstoles. Éstos no han enseñado otra cosa que esta fe sencilla, que es también la verdadera profundidad de la revelación de Dios. De este modo, nos dice Ireneo, no hay una doctrina secreta detrás del Credo común de la Iglesia. No hay un cristianismo superior para intelectuales. La fe confesada públicamente por la Iglesia es la fe común de todos. Sólo es apostólica esta fe, procede de los apóstoles, es decir, de Jesús y de Dios.
Al adherir a esta fe transmitida públicamente por los apóstoles a sus sucesores, los cristianos tienen que observar lo que dicen los obispos, tienen que considerar específicamente la enseñanza de la Iglesia de Roma, preeminente y antiquísima. Esta Iglesia, a causa de su antigüedad, tiene la mayor apostolicidad: de hecho, tiene su origen en las columnas del colegio apostólico, Pedro y Pablo. Con la Iglesia de Roma tienen que estar en armonía todas las Iglesias, reconociendo en ella la medida de la verdadera tradición apostólica, de la única fe común de la Iglesia. Con estos argumentos, resumidos aquí de manera sumamente breve, Ireneo confuta en sus fundamentos las pretensiones de estos gnósticos, de estos intelectuales: ante todo, no poseen una verdad que sería superior a la de la fe común, PUES LO QUE DICEN NO ES DE ORIGEN APOSTÓLICO, SE LO HAN INVENTADO ELLOS; en segundo lugar, la verdad y la salvación no son privilegio y monopolio de pocos, sino que todos las pueden alcanzar a través de la predicación de los sucesores de los apóstoles, y SOBRE TODO del obispo de Roma. En particular, al polemizar con el carácter «secreto» de la tradición gnóstica, y al constatar sus múltiples conclusiones contradictorias entre sí, Ireneo se preocupa por ilustrar el concepto genuino de Tradición apostólica, que podemos resumir en tres puntos.
a) (…) La Tradición apostólica es «pública», no privada o secreta. Para Ireneo no hay duda alguna de que el contenido de la fe transmitida por la Iglesia es el recibido de los apóstoles y de Jesús, el Hijo de Dios. No hay otra enseñanza. Por tanto, a quien quiere conocer la verdadera doctrina le basta conocer «la Tradición que procede de los apóstoles y la fe anunciada a los hombres»: tradición y fe que «nos han llegado a través de la sucesión de los obispos» («Contra las herejías» 3, 3 , 3-4). De este modo, coinciden sucesión de los obispos, principio personal, Tradición apostólica y principio doctrinal.
b) La Tradición apostólica es «única». Mientras el gnosticismo se divide en numerosas sectas, la Tradición de la Iglesia es única en sus contenidos fundamentales que, como hemos visto, Ireneo llama «regula fidei» o «veritatis»: y dado que es única, crea unidad a través de los pueblos, a través de las diferentes culturas, a través de pueblos diferentes; es un contenido común como la verdad, a pesar de las diferentes lenguas y culturas. Hay una expresión preciosa de san Ireneo en el libro «Contra las herejías»: «La Iglesia que recibe esta predicación y esta fe [de los apóstoles], a pesar de estar diseminada en el mundo entero, la guarda con cuidado, como si habitase en una casa única; cree igualmente a todo esto, como quien tiene una sola alma y un mismo corazón; y predica todo esto con una sola voz, y así lo enseña y trasmite como si tuviese una sola boca. Pues si bien las lenguas en el mundo son diversas, única y siempre la misma es la fuerza de la tradición. Las iglesias que están en las Germanias no creen diversamente, ni trasmiten otra cosa las iglesias de las Hiberias, ni las que existen entre los celtas, ni las de Oriente, ni las de Egipto ni las de Libia, ni las que están en el centro del mundo» (1, 10, 1-2). Ya en ese momento, nos encontramos en el año 200, se puede ver la universalidad de la Iglesia, su catolicidad y la fuerza unificadora de la verdad, que une estas realidades tan diferentes, de Alemania a España, de Italia a Egipto y Libia, en la común verdad que nos reveló Cristo.
c) Por último, la Tradición apostólica es como él dice en griego, la lengua en la que escribió su libro, «pneumática», es decir, espiritual, guiada por el Espíritu Santo: en griego, se dice «pneuma». No se trata de una transmisión confiada a la capacidad de los hombres más o menos instruidos, sino al Espíritu de Dios, que garantiza la fidelidad de la transmisión de la fe. Esta es la «vida» de la Iglesia, que la hace siempre joven, es decir, fecunda de muchos carismas. Iglesia y Espíritu para Ireneo son inseparables: «Esta fe», leemos en el tercer libro de «Contra las herejías», «la hemos recibido de la Iglesia y la custodiamos: la fe, por obra del Espíritu de Dios, como depósito precioso custodiado en una vasija de valor rejuvenece siempre y hace rejuvenecer también a la vasija que la contiene… Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia» (3, 24, 1).
Saludos,
Oiga Juan Manuel, Ud. sí que es divertido: dos personas hablan de dos temas distintos, y Ud. les dedica una sola respuesta. En fin … así andamos.
¿Por casualidad no tiene un e-mail de contacto? Puede enviármelo al mío, que aparece junto con este Post.
“El Obispo de Roma se sienta en su cátedra para dar testimonio de Cristo. Así, la cátedra es el símbolo de la potestas docendi, la potestad de enseñar, parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Señor a Pedro y, después de él, a los Doce. En la Iglesia, la sagrada Escritura, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el ministerio de la interpretación auténtica, conferido a los Apóstoles, se pertenecen uno al otro de modo indisoluble.
Cuando la sagrada Escritura se separa de la voz viva de la Iglesia, pasa a ser objeto de las disputas de los expertos. Ciertamente, todo lo que los expertos tienen que decirnos es importante y valioso; el trabajo de los sabios nos ayuda en gran medida a comprender el proceso vivo con el que ha crecido la Escritura y así apreciar su riqueza histórica. Pero la ciencia por sí sola no puede proporcionarnos una interpretación definitiva y vinculante; no está en condiciones de darnos, en la interpretación, LA CERTEZA CON LA QUE PODAMOS VIVR Y POR LA QUE PODAMOS MORIR. Para esto es necesario un mandato más grande, que no puede brotar única y exclusivamente de las capacidades humanas. Para esto se necesita la voz de la Iglesia viva, la Iglesia encomendada a Pedro y al Colegio de los Apóstoles hasta el final de los tiempos.
Esta potestad de enseñanza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunción contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe.
El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo.
Así lo hizo el Papa Juan Pablo II, cuando, ante todos los intentos, aparentemente benévolos con respecto al hombre, frente a las interpretaciones erróneas de la libertad, destacó de modo inequívoco la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce al ser humano a la esclavitud. El Papa es consciente de que, en sus grandes decisiones, está unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de peregrinación de la Iglesia. Así, su poder no está por encima, sino al servicio de la palabra de Dios, y tiene la responsabilidad de hacer que esta Palabra siga estando presente en su grandeza y resonando en su pureza, de modo que no la alteren los continuos cambios de las modas.
La cátedra es —digámoslo una vez más— símbolo de la potestad de enseñanza, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la palabra de Dios, ¡LA VERDAD!, resplandezca entre nosotros, indicándonos el camino de la vida. Pero, hablando de la cátedra del Obispo de Roma, ¿cómo no recordar las palabras que san Ignacio de Antioquía escribió a los Romanos? Pedro, procedente de Antioquía, su primera sede, se dirigió a Roma, su sede definitiva. Una sede que se transformó en definitiva por el martirio con el que unió para siempre su sucesión a Roma. Ignacio, por su parte, siendo obispo de Antioquía, se dirigía a Roma para sufrir el martirio.
En su carta a los Romanos se refiere a la Iglesia de Roma como a “AQUELLA QUE PRESIDE EN EL AMOR”, expresión muy significativa. No sabemos con certeza qué es lo que pensaba realmente Ignacio al usar estas palabras. Pero, para la Iglesia antigua, la palabra amor, ágape, aludía al misterio de la Eucaristía. En este misterio, el amor de Cristo se hace siempre tangible en medio de nosotros. Aquí, él se entrega siempre de nuevo. Aquí, se hace traspasar el corazón siempre de nuevo; aquí, mantiene su promesa, la promesa según la cual, desde la cruz, atraería a todos a sí.
En la Eucaristía, nosotros aprendemos el amor de Cristo. Ha sido gracias a este centro y corazón, gracias a la Eucaristía, como los santos han vivido, llevando de modos y formas siempre nuevos el amor de Dios al mundo. Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo. La Iglesia es la red -la comunidad eucarística- en la que todos nosotros, al recibir al mismo Señor, nos transformamos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo.
En definitiva, presidir en la doctrina y presidir en el amor deben ser una sola cosa: TODA LA DOCTRINA DE LA IGLESIA, EN RESUMIDAS CUENTAS, CONDUCE AL AMOR. Y la Eucaristía, como amor presente de Jesucristo, es el criterio de toda doctrina. Del amor dependen toda la Ley y los Profetas, dice el Señor (cf. Mt 22, 40). El amor es la Ley en su plenitud, escribió san Pablo a los Romanos (cf. Rm 13, 10).
Queridos romanos, ahora soy vuestro Obispo. Gracias por vuestra generosidad, gracias por vuestra simpatía, gracias por vuestra paciencia conmigo. EN CUANTO CATÓLICOS, TODOS SOMOS, DE ALGÚN MODO, TAMBIÉN ROMANOS. Con las palabras del salmo 87, un himno de alabanza a Sión, madre de todos los pueblos, cantaba Israel y canta la Iglesia: “Se dirá de Sión: “Uno por uno todos han nacido en ella”…” (v. 5). De modo semejante, también nosotros podríamos decir: en cuanto católicos, todos hemos nacido, de algún modo, en Roma. Así, con todo mi corazón, quiero tratar de ser vuestro Obispo, el Obispo de Roma. Todos queremos tratar de ser cada vez más católicos, cada vez más hermanos y hermanas en la gran familia de Dios, la familia en la que no hay extranjeros. (…) Amén.”
Benedicto XVI, homilía pronunciada en Santa Misa de toma de posesión del obispado de Roma en la Sacrosanta y Patriarcal Basílica Lateranense.
http://www.vatican.va/news_services/liturgy/photogallery/2005/index_20050507.html
gente son por demas aburridossssssssssssssssssssssssss
BUENISIMO EL TEXTO, QUE FANTASTICA Y QUE ENVIDIA LE TENGO A LA GENTE QUE BUSCA TANTO VIVIR A JESUS!!!!!!!!!!!!!!!!!
Bueno muchachos, dejenme decirles que este tema también me dejó pensando a mí, y la oportuna intervención de Milkus me hizo acordar algo que había leído hace tiempo. Volví a leerlo y les mando unas ideas que pueden iluminar un poco el motivo de los desacuerdos.
Cierta vez, entrevistado, Ratzinger dijo que un grave problema que enfrenta la Iglesia es la Eclesiología de la gente común. Es decir, cómo entiende la Iglesia la gente. Qué cuernos es la Iglesia para la gente.
Dijo Ratzinger: “Mi impresión es que es que se está perdiendo impreceptiblemente el sentido auténticamente católico de la realidad “Iglesia”, sin rechazarlo de una manera expresa. Muchos no creen que se trate de una realidad querida por el mismo Señor …. Y así, se ha insinuado en la teología católica una concepción de Iglesia que ni siquiera puede llamarse protestante en sentido clásico. … Para los católicos, … detrás de la fachada humana está el misterio de una reallidad suprahumana sobre la que no tienen autoridad para intervenir ni el reformador, ni el sociólogo, ni el organizador. Si, por el contrario, la Iglesia se mira únicamente como como mera construcción humana, como obra nuestra, también los contenidos de la fe terminan por hacerse arbitrarios. …El Evangelio viene a ser entonces el proyecto-Jesús, el proyecto liberación-social, u otros proyectos meramente históricos, que pueden parecer incluso religiosos, pero que son ateos en realidad”.
¿Porqué me vino a la cabeza esto?
Pues porque como dijo Milkus, me resisto a creer que Rome ataque arteramente a la Iglesia. Creo que sus preguntas son legítimas, y que parten de su propia concepción de la realidad Iglesia. Como mis inquietudes parten de mi propia concepción de dicha realidad.
Lo transcripto me hizo pensar, entonces, que muchas veces discutimos por el proyecto-Jesús que nosotros queremos. Sólo centrados en Cristo podemos comprender en plenitud lo que es la Iglesia, y analizar desde allí comprender mejor Su Magisterio.
La Obediencia entonces, no es una anulación de la voluntad o una falta de crítica razonada. Es un asentir libre, plenamente convencido de la realidad suprahumana de la Iglesia.
¿Quizás nos está faltando ver esta realidad suprahumana? Puede ser. Concerla es entender, porque conocerla es conocer a Cristo.
Esta cuaresma puede ser un momento interesante y muy oportuno para centrarnos más en el Cristo Divino, y entender mejor que la Iglesia ES Cristo.
Saludos
Solo centrados en Cristo. Bien dicho.
Igual me pasa que no siempre encuentro que las expresiones oficiales de la iglesia tengan ese centro.
Soria, no entro en una semana y encuento una enciclopedia escrita por vos… cómo hinchás las pelotas querido…
Y está bueno el texto, ovbio que sabemos lo que opino y de qué lado estoy y los comentarios como “Muret gil” y “Soria sabiondo insoportable cayate un poco” voy a hacer, así que no digo nada… excepto: yo me siento (a los que van a opinar relean la parte donde digo “yo”) más cerca de Dios, de su “verdad” cuando experiemento la caridad, cuando comparto y aprendo de los demás, que en “la letra”, así que bueno, nada, eso.
debería haber puedto callate, pero me gustan los errores, me hacen sentir vivo.
Besito
Y posta que ese fue de burro, nada de tipeo eh.
Me gustó la parte que maltrato a los muchachos, así que lo repito:
Ay Soria… ayy, te encanta que te peleen, sos una histérica… y no soy un “progre de parroquia”, sí soy medio fachito a veces, y como me acuerdo de gente que quedó hecha concha como vos, lucho contra eso como el mayor pecado.
Y sabé también: tengo amigos homosexulaes, sodomitas, gays, tragasables, soplaquenas y demás, como por ejemplo Rome, Duaca y Muret, y todos ellos (que no están “equivocados” como vos decís -aunque eso es algo que tu cerebrito sellado no va a comprender-) me caen mejor que vos.
Abrazo de gol “nepe total”.
Pablito corazón, la forma correcta de referirse a estas personas es Gays, Lesbianas, Bisexuales o Trans, nada de esos epítetos absolutamente autoreferentes que utilizás.
JMS en cambio, es un poco más inimputable merced a la calidad del paco que consume.
Paco no, incienso para misa tridentina solemne ¿no lo aclaré ya?
Si pero no te cree nadie, aceptalo, es el primer paso.