Al Servicio del Fuego no es un blog para cualquiera. Mejor dicho, no es un blog para cualquier momento. A ver cómo expresarlo: Salvando las diferencias, es un blog al que uno tiene que llegar abierto. Y no abierto de mente tal vez, sino abierto de corazon. Como cuando uno reza. Si uno llega a la oración cerrado, posiblemente la palabra deje muy poco, en cambio si uno llega abierto deja que ésta entre al corazón. Eduardo escribe para el corazón. Y hay que estar abierto para leerlo. Por eso me pasa que a veces lo leo “por arriba” y otras, mas abierto, dejo que lo escrito me toque, me interpele, me mueva.
Eduardo es cura. Pero ademas es un tipo interesante para leer. Ya lo veran en estas lineas.
Antes me caia bien. Ahora, sabiendo que ademas compartimos el mismo amor academico, me cae mucho mejor.

1) Por que ¿”Al servicio del fuego”? Digamos, ¿Por qué el nombre y por qué el blog?
Hmmm… vamos por orden cronológico. El blog empezó, más que nada, como ejercicio literario. Me gusta mucho escribir, desde siempre, pero veía que no tenía siempre el tiempo o la motivación externa para hacerlo. Al ver muchos blogs me pareció que podía ser un buen modo de ejercitarme en la escritura, de modo libre y más espontáneo, sin juzgar tanto lo que escribo ni pensarlo de más. Además, me daba la posibilidad de tener lo que escribía archivado en la Red y en un formato legible (lamentablemente cuando escribo a mano lo hago lento y con una letra que más que caligrafía parece cacografía - “fea escritura” -). Así nació el Pensadero, como lugar para dejar ideas y volver a encontrarlas.
Pero con el tiempo, empezaron a aparecer comentarios. Milkus dejó el primero, si mal no recuerdo. Me metí en su blog y descubrí la blogósfera gracias a él. Así fue conociendo otros blogs, y también encontrándome en persona con otros bloggers. De a poco pasaron a visitar el mío y el blog dejó de ser sólo un ejercicio literario para convertirse también en un espacio de comunicación y compartida. Una de las alegrías más grandes que me dio fue el espacio de poder dar testimonio de la fe y compartir la experiencia de Jesús con gente no creyente. En ese sentido, el blog se me manifestó como un espacio de “frontera”, que es el lugar que el Señor suele elegir para manifestar su amor y su presencia. Valía la pena mantenerse allí, y entonces puse un poco más de esfuerzo en actualizar más seguido y escribir un poco más a menudo.
Hace unos meses vi que la intención original del blog había cambiado, o mejor, se había ampliado. Y me gustó la idea de que un nuevo formato y título acompañara ese cambio. De allí el nuevo título, “Al servicio del fuego”. Lo tomé de un texto que leí en un libro de Greshake, “Ser Sacerdote Hoy”, que había posteado con anterioridad. El fuego es un símbolo fascinante para mí. La zarza ardiente, el fuego del Espíritu que desciende en Pentecostés, la columna incandescente que acompaña al pueblo de Israel durante su camino de liberación, la llama de la ofrenda y el sacrificio que convierte lo que toca en entrega… son testimonio de este Dios que atrae, deslumbra, sorprende, anima, enciende, consume, reúne, guía e ilumina. Creo que el sacerdote es un custodio de ese fuego, busca mantenerlo prendido, avivarlo y compartirlo con otros.
2) Y ya que estamos con los por que, ¿por qué sos cura?
No podría responder “por qué”, aunque sí “por quién”. Vengo de una familia creyente. Mis viejos recibieron la herencia del Concilio de mano de curas entregados y en comunidades que buscaban aplicar el mensaje conciliar. Fui a colegio católico, mis amigos son gente de fe profunda, decidida y sencilla. No me cabe la más mínima duda de que todo esto influyó e influye en mi camino reliigioso.
Sin embargo, para mí todo comenzó cuando en una misión sentí como nunca la presencia y el amor de Jesús. Y esa presencia me invitaba a darme, a entregarme. Todo ese año había hecho un “sendero de regreso” tras el alejamiento que muchos adolescentes viven y que mi temperamento introvertido había acentuado. Pero esto me agarró de sorpresa. Nunca había experimentado algo así. Ese fue el momento de la opción personal y convencida por Jesús.
Al poco tiempo apareció la pregunta: ¿Y si lo mío fuera ser sacerdote? Le di unas cuantas vueltas al asunto, pero a la vez estaba apasionado, esa mezcla de vértigo y atracción que me imagino uno siempre siente cuando se encuentra con Dios. Por suerte tuve buenos acompañantes que me remarcaron la importancia de tomar esto con discreción, seriedad y libertad. Empecé la facultad, y en segundo año la pregunta tomó la suficiente fuerza como para ver que no alcanzaba ya con el discernimiento “privado”. Tenía que abrirlo a otros. Tras un par de idas y vueltas, empecé el camino de admisión al seminario e ingresé en 1999.
Los años de seminario fueron un tiempo y un espacio para dilatar la mente y el corazón. Mi experiencia de Iglesia, de vida fraterna, de conocimiento de la Palabra y de oración purificó mis motivaciones, quitó algunas y me dio otras más ricas y profundas. Sobre todo, recalco cómo nos inculcaban la importancia de crecer en madurez y libertad de corazón para discernir, la oración como algo fundamental y la vida comunitaria como el lugar donde nos encontramos con el amor, el desafío y la misión.
Hace apenas diez meses que soy sacerdote. Me siento inmensamente feliz. Experimento una alegría que fue gestándose a lo largo del seminario, fecundada por unas cuantas lágrimas y dolores. Es cierto que en ciertos aspectos la vida del cura es demandante, pero no me parece más que la de cualquier hijo de vecino que en este tiempo tan complejo quiere vivir su fe. Es una alegría enorme poder compartir, acompañar y guiar la vida de fe de una comunidad; poder escuchar, rezar y celebrar con la gente; salir al encuentro de tantos a través de gestos de misión; ayudar a que la gente descubra la cercanía de la Palabra; ser un servidor del Perdón en la Reconciliación y disfrutar de presidir la Misa, el punto alto del día y la fuente de todo.
Por Jesús y por la gente. Por ellos quiero ser cura.
3) Tiranos 3 escritores que hayan sido claves en tu vida de sacerdote
“Mi vida de sacerdote” es muy breve… ¡apenas diez meses! Pero en mi vida cristiana, es otro cantar. Me gusta muchísimo leer, así que seleccionar apenas tres es una tarea medio imposible. De todos modos, me vienen a la mente:
a) Thomas Merton: Me hizo conocer la espiritualidad monástica. Su realismo, su solidez intelectual y su hondura espiritual me resultaron muy sanadores y me abrió la cabeza a un estilo de pensamiento abierto, honesto y muy arraigado en una experiencia personal de conversión.
b) El Hno. Roger de Taizé: En un momento de búsquedas durante el seminario, sus palabras sobre la Iglesia, la oración, la vida fraterna y la reconciliación le pusieron palabras a mis deseos.
c) Pablo Neruda: A través de él conocí la poesía, una de las fuentes más grandes de alegría que me dio la vida y que ha sido una gran maestra en la fe.
c) El Card. Pironio: Un capo. Uno de los más grandes regalos que Dios le hizo a la Iglesia Argentina. Su “Meditación para tiempos difíciles” es uno de los textos más lindos que leí en mi vida. Espero que al leerlo, releerlo y meditarlo se me pegue algo de su amor a la Virgen, a la Cruz, a la Esperanza y el Sacerdocio. Y también su amor profundo a la amistad.
d) Santo Tomás de Aquino: Cuanto más lo leo, más me deslumbra. Cualquier otra cosa que diga se queda corta
e) Karl Rahner y V. Balthasar: Hay que leerlos a los dos para complementar. Son los dos grandes teólogos del S. XX, dos verdaderos enamorados de Dios y de su Iglesia
Y me freno acá pero la lista sigue: Raniero Cantalamessa, Pedro Casaldáliga, William Johnston, Medard Kehl, Gregorio de Nisa, Juliana de Norwich, Santa Catalina de Siena, Olivier Clement, Víctor Codina, Santa Gertrudis de Helfta, San Francisco de Sales, etc., etc. ¡Y quise quedarme en lo estrictamente cristiano!
(Nota de Rome: Menos mal que le pedí 3…jeje)
4) ¿Va bien la Iglesia?
Es una pregunta demasiado sencilla para una cuestión compleja y para una realidad tan diversa y gigantesca como es la Iglesia.
Hoy vivimos un tiempo difícil (a nivel global, digo, no simplemente eclesial), de “cambio epocal”, como dicen los que saben (y que aparece nombrado como contexto cultural en “Navega Mar Adentro” y en Aparecida). Me parece que frente a esto aparecen, por un lado, posturas integristas que a veces quieren “cerrar filas” frente a un mundo complejo, con el riesgo de que muchos queden fuera. Por otro lado, aparecen a veces planteos de un escepticismo frente a la Iglesia que tampoco me parece de fe.
El Espíritu guia a la Iglesia, también en estos tiempos difíciles. Será cuestión de ver si estamos abiertos a lo que él nos inspire en este momento de la historia, si tenemos la suficiente apertura para escucharnos unos a otros, discernir los signos de los tiempos y tenemos la valentía de involucrarnos de lleno con el momento que nos toca vivir.
Para mí, en este tiempo, el último documento de Aparecida es un signo fuerte de que el Espíritu nos está acompañando, porque uno escucha voces de aprobación desde sectores muy distintos de la Iglesia. Ojalá nos ayude a crecer en comunión y lo podamos bajar a nuestras comunidades.
5) ¿Te animás a decir a quien votarías? O sino, a 3 que seguro no votarías…
No, para nada, el voto es secreto y más en mi caso.
6) ¿Como definirías a Eduardo?
Alguien que se siente muy amado por Dios, feliz de ser cristiano y cura, contento por tener familia y amigos cerca. Alguien en búsqueda constante, a veces más tímido de lo que me gustaría y siempre menos bueno de lo que quisiera. Feliz por vivir el tiempo que me toca, una época con tantas preguntas, incertidumbres y dolor, pero que por eso mismo está, para mí, grávido de Dios.
7) Una crítica a este blog
Me gusta mucho el blog. Me parece que últimamente no pusiste tantas reflexiones y aparecen cosas más anecdóticas, con lo cual bajó la cuota excesivamente conflictiva de comentarios, pero nos hace perder la riqueza de tus palabras que tienen gusto a búsqueda y por eso hacen bien. Que gente tan diversa pueda encontrar un lugar acá habla bien del espacio. Y, como compañero hincha de Racing (tendría que decir “simpatizante”, después que se fue Brindisi me alejé y nunca recuperé el entusiasmo de la adolescencia), siento una profunda empatía con el autor.
