Ciertos espacios católicos parece que ni siquiera se forman en lo que pretenden defender (con una gran espada por cierto, bien evangélico).
No es la primera vez que Radio Cristiandad me deja riendo un largo rato. Esta vez no fue la excepción. Primero pataleando porque algún cura le dio una misa privada a Lilita Carrió. Me pregunto si los responsabes de este blog nunca han tenido su misa privada. De hecho abundan en casamientos de católicos top (en el campo, obviamente).
Me pregunto si no es hora de que declaremos como el gran abusador litúrgico de la primera hora a Jesús de Nazareth, que dio la primera misa con todos sentados, posiblemente les dio su propio cuerpo en la mano, no le negó el pan a quien sabía que era un pecador y ya tenía decidido que lo iba a traicionar (o sea, aceptó un sacrilegio).
En fin…
Igual el caso del día es esta ya perimida insistencia en acusar a los judíos como los responsables de la muerte de Jesús. Una vez más (y van…) algo que gracias a Dios la Iglesia ha modificado y madurado con el paso del tiempo. Hoy ha quedado mas que claro cuál es la posición de la Iglesia al respecto. ¿Pueden disentir? Por supuesto, pero háganse cargo. Aquellos que disentimos en ciertos aspectos somos considerados herejes. Pero quienes dicen que no se puede disentir, entonces deberán conocer más que dice la propia Iglesia. Y aceptarlo. Sino, bienvenidos al mundo del sano disenso.
Durante mucho tiempo se “culpó” a los judíos como raza responsable de la muerte de Jesús. Aún recuerdo un interminable debate familiar donde tuve que mostrarle a un tío mío la cita del catecismo que a continuación transcribo. El insistía con la teoría que durante siglos el común de los católicos tenían como válida.
Veamos que dice el cateciscmo…
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597 Teniendo en cuenta la complejidad histórica manifestada en las narraciones evangélicas sobre el proceso de Jesús y sea cual sea el pecado personal de los protagonistas del proceso (Judas, el Sanedrín, Pilato) lo cual solo Dios conoce, no se puede atribuir la responsabilidad del proceso al conjunto de los judíos de Jerusalén, a pesar de los gritos de una muchedumbre manipulada (Cf. Mc 15, 11) y de las acusaciones colectivas contenidas en las exhortaciones a la conversión después de Pentecostés (cf. Hch 2, 23. 36; 3, 13-14; 4, 10; 5, 30; 7, 52; 10, 39; 13, 27-28; 1 Ts 2, 14-15). El mismo Jesús perdonando en la Cruz (cf. Lc 23, 34) y Pedro siguiendo su ejemplo apelan a “la ignorancia” (Hch 3, 17) de los Judíos de Jerusalén e incluso de sus jefes. Y aún menos, apoyándose en el grito del pueblo: “¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” (Mt 27, 25), que significa una fórmula de ratificación (cf. Hch 5, 28; 18, 6), se podría ampliar esta responsabilidad a los restantes judíos en el espacio y en el tiempo:
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Tanto es así que la Iglesia ha declarado en el Concilio Vaticano II: “Lo que se perpetró en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos que vivían entonces ni a los judíos de hoy…no se ha de señalar a los judíos como reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la Sagrada Escritura” (NA 4).
Y mas aún…
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598 La Iglesia, en el magisterio de su fe y en el testimonio de sus santos no ha olvidado jamás que “los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el divino Redentor” (Catech. R. I, 5, 11; cf. Hb 12, 3). Teniendo en cuenta que nuestros pecados alcanzan a Cristo mismo (cf. Mt 25, 45; Hch 9, 4-5), la Iglesia no duda en imputar a los cristianos la responsabilidad más grave en el suplicio de Jesús, responsabilidad con la que ellos con demasiada frecuencia, han abrumado únicamente a los judíos:
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Debemos considerar como culpables de esta horrible falta a los que continúan recayendo en sus pecados. Ya que son nuestras malas acciones las que han hecho sufrir a Nuestro Señor Jesucristo el suplicio de la cruz, sin ninguna duda los que se sumergen en los desórdenes y en el mal “crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia (Hb 6, 6). Y es necesario reconocer que nuestro crimen en este caso es mayor que el de los Judíos. Porque según el testimonio del Apóstol, “de haberlo conocido ellos no habrían crucificado jamás al Señor de la Gloria” (1 Co 2, 8). Nosotros, en cambio, hacemos profesión de conocerle. Y cuando renegamos de El con nuestras acciones, ponemos de algún modo sobre El nuestras manos criminales (Catech. R. 1, 5, 11).
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Y los demonios no son los que le han crucificado; eres tú quien con ellos lo has crucificado y lo sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados (S. Francisco de Asís, admon. 5, 3).
Es por eso que a esta altura parece increíble que un espacio que se dice “la Voz de la tradición católica” enuncie títulos como éste.
Basta de mentiras!! Si aceptan todo lo que la Iglesia dice, acepten TODO, incluso lo que no les gusta. Y si no aceptan todo y creen que se puede disentir o vivir en la espèranza de que las cosas vayan cambiando, aleluya, pero entonces muchachos, a hacerse cargo y ya no critiquen mas.
Radio Cristiandad es a modo de ejemplo. Este post va dirigido a tantos y tantos que adhieren a ese pensamiento.