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1945 – 17 de Octubre – 2006

17 October, 2006

Despierta amores y odios, pero nunca indiferencia. A 61 años, el día de “los descamisados” pidiendo la libertad del General aún es recordado. En lo personal, creo que fue un líder imponente, con muchos aciertos y también errores, pero que marcó muy fuerte la historia argentina.

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6 comments

  1. Para entender qué significó el 17 de octubre, creo que vale la pena leer “El 45” de Félix Luna y para leer la aberración que significó la Revolución Libertadora- Etapa Aramburu recomiendo “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh. Del último autor hay que recordar que se convirtió luego en uno de los principales teroristas marxistas, pero aquel libro es de indispensable lectura para entender la Argentina y el Peronismo.

    Sobre una crítica serena y constructiva de los aciertos y errores del peronismo recomiendo leer a Héctor B. Petrocelli, Mario Amadeo y Marcelo Sánchez Sorondo principalmente.

    Sobre mis opiniones acerca de Perón y el peronismo, tal vez escriba en unos días

    Fernando


  2. Después de lo de ayer, el costado más negro y oscuro del peronismo hace que se torne difícil hablar con serenidad de los aciertos y de los errores de este movimiento político. Es un hecho lamentable, que recuerda la quema de las iglesias, la matanza de Ezeiza, la quema del ataúd por parte de Herminio Iglesias y demás hechos lamentables – criminales y sacrílegos algunos – que pertenecen a la historia del peronismo. Hecho lamentable que además de su maldad intrínseca, lleva agua al molino del gorilismo más recalcitrante y parece corroborar lo dicho por Borges:”Los peronistas no son ni buenos ni malos: son incorregibles”.

    No obstante eso, prometo hacer un balance con la ecuanimidad que me había propuesto

    Fernando


  3. Gracias, Juan Domingo, por tu legado de Moyanos y demás…


  4. El peronismo no se entiende si no es a la luz de la historia argentina anterior a 1945. Les copio algo que escribí hace unos años

    Las dos Argentinas y el drama nacional

    Para entender el drama de la Argentina hay que comprender, en síntesis, lo siguiente:

    1) Desde tiempos de la Hispanidad, la comunidad que luego daría lugar a la Argentina, tuvo dos proyectos de sociedad distintos. Uno que arranca de los Reyes Católicos y de la Casa de Austria, con todos los errores que se quieran, pero que en resumidas cuentas implicaba religión católica, cultura clásica y americana, mestizaje étnico, unión orgánica de clases, conciencia territorial, proteccionismo económico, descentralización política e imperio de la justicia. A esta herencia debemos la lengua castellana, la preservación de las lenguas indígenas, el arte barroco (pintura cuzqueña, arquitectura colonial, folklore mestizo), los fundamentos del federalismo, la religiosidad popular … Y un Orden Político y Jurídico acorde con nuestra cultura: Cabildos, Audiencias, Gobernadores, Virreyes, Derecho Indiano. Eso fue forjándose lentamente en los siglos XVI-XVII y la irrupción de los Borbones fue el primer golpe mortal: apareció el laicismo, el lucro como único fin de la económía y del Estado, la centralización política, la transformación de la aristocracia en oligarquía, las claudicaciones territoriales frente a Portugal, el afrancesamiento cultural, etc. Y sobre todo dejamos de ser la Provincia de un Imperio para comenzar a recibir el trato de meras colonias.

    2) La línea de los Borbones fue continuada por el sector liberal de la Revolución de Mayo (Moreno, Castelli) y luego por el Partido Unitario: la consecuencia fue el desmembramiento territorial, el desprecio por los indios y los gauchos, el ataque a la tradición católica, el librecambismo que benefició a los comerciantes de Buenos Aires y arruinó a las industrias del interior, el coqueteo con Inglaterra, etc, etc.

    3) La reacción no se hizo esperar: caudillos rurales (estancieros, militares), que sí se sentían identificados con su pueblo, que amaban la Patria y la Religión (no las modas de la Europa revolucionaria) se alzaron en defensa de estos principios y de las autonomías provinciales. Rosas fue el principal y gracia a él, después de una anarquía parecida a la actual, logramos dos cosas fundamentales: la restauración del Estado Central y la consolidación de una nacionalidad propia (antes de la Confederación Argentina no se hablaba sino de Provincias Unidas o de América), más la defensa de la Soberanía frente a las dos Potencias principales del momento: Francia e Inglaterra.

    4) El Partido Federal era tradicionalista en lo cultural, nacionalista en lo político, proteccionista en lo económico y sobre todo tenía una peculiaridad que después práticamente despareció de los movimientos políticos llamados “nacionales”: representaba al pueblo (indios, negros, mestizos), que eran despreciados por los unitarios de frac y levita, y representaba, simultáneamente a lo mejor de la aristocracia: estancieros, alto clero, intelectuales. El Partido Unitario, en cambio, era una faccción de ideólogos, que quería imitar la letra de las instituciones extranjeras y gobernar con una minoría ilustrada de tipo burgués. No se daban cuenta que eso había conducido a Francia a la guerra y la inestabilidad perpetua y que, en cambio, el ejemplo de los Estados Unidos era tal porque precisamente este país había sido fiel a las instituciones británicas, de las que sólo hizo leves retoques. Si nuestros liberales hubieran sido realistas y no ideólogos, hubieran imitado el “espíritu” de los anglosajones, no la letra. Aquí había muchas y muy buenas instituciones. Pero claro, no beneficiaban a los “ideales” y menos los intereses económicos de nuestros “hombres de las luces”.

    5) San Martín, que llegó de Europa con ideas liberales, rápidamente se dio cuenta del error y por eso terminó aliado a los federales …y peleado con Rivadavia y demás responsables de la anarquía, el desmembramiento territorial, el primer empréstito con el extranjero (con la “Baring Brothers”)y un largo etcétera.

    6) La caída de Rosas – preparada y financiada por Brasil – significó, además de treinta años más de guerra civil y la pérdida de las Misiones Orientales, el comienzo de la construcción deliberada de la Nueva Argentina Liberal. Eso sí, muy liberales, pero cortando cabezas, aplicando cepo colombiano, matando a los caudillos que se resistían, reclutando al pueblo gaucho para pelear en la Frontera con el Indio (el Martín Fierro no es un poema lírico, es una denuncia contra la política de Sarmiento)y llevándose a las “chinitas” riojanas de mucamas y prostitutas a Buenos Aires…

    7) El famoso modelo de la Generación del 80 fue ésto: una economía atada el Imperio Británico, que benefició sólo a la Pampa Húmeda y a las clases ricas, divorciadas ya del pueblo. Una cultura afrancesada y anglófila, desligada cada vez más de todo lo que significara catolicismo, hispanidad e indianidad. Una sociedad dividida en dos clases irecconciliables: oligarquía burguesa ( y una incipiente clase media educada en los valores “burgueses, cosmopolitas y laicos”) y una masa empobrecida…y por allí, restos de vieja aristocracia y de pueblo verdadero en el Interior, pero con poca influencia en la configuración del Estado liberal. Un régimen político basado en el fraude y el amiguismo. Una política internacional claudicante. Y podríamos seguir.

    8) La reacción política a tal esquema – derrotado ya el federalismo tradicional – siguió el siguiente itinerario. Primero hubo una reacción “nacional” entre los conservadores, debido a la disidencia protagonizada por Alsina y al camino emprendido por Avellaneda, a lo cual habría que agregar la empresa de los católicos sociales de Félix Frías y Estrada. No tenía la coherencia doctrinal del viejo federalismo, pero al menos demostró un perfil más patriótico y permitió que muchos federales excluídos de la política volvieran a la palestra y pudieran enfrentarse al mitrismo, después de extinguidas las últimas montoneras. Fue el primer Partido Autonomista Nacional, desvirtuado más tarde por el roquismo. De allí nacieron dos corrientes importantes. Una más presente en la clase alta y media alta: fueron los que siguieron en el Partido Autonomista (luego Partido Conservador, con Pellegrini), pero opuestos a Roca, y dieron lugar con el tiempo al “conservadorismo nacionalista”, que de alguna manera tuvo protagonismo en los gobiernos civiles de los dos Saénz Peña, de José E. Uriburu, de Figueroa Alcorta y en los gobiernos militares de Uriburu, Lonardi, Onganía y Levingston. Es el conservadorismo patriótico que ha sido representado por hombres como Ricardo A. Paz, Carlos Manuel Acuña o Eduardo Ventura . Con concesiones al liberalismo, con desviaciones serias, pero con un talante más argentino y más cristiano que el otro sector: el liberal de Mitre, Roca, Juárez Celman, Quintana, De la Plaza y depués de los militares Justo, Aramburu, Lanusse, Videla, etc. Conservadorismo liberal antinacional en el que podríamos ubicar también a Menem.

    Otra facción autonomista, contraria al roquismo, es la que dio origen al primitivo radicalismo, al radicalismo yrigoyenista, que tantos resabios de rosismo tenía (como supo recordarlo y defenderlo ese gran rosarino que fue Don Ricardo Caballero). Este “yrigoyenismo nacionalista” tuvo más presencia en la clase media y en el pueblo y a la larga fue reivindicado por el nacionalismo popular de FORJA, la agrupación política de Jauretche, Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, García Mellid…Ya estamos cerca del peronismo, aunque con tendencias populistas y en algunos casos, socializantes…

    9) Junto a la reacción política estuvo la reacción intelectual: la más seria la protagonizaron los Cursos de Cultura Católica de los años 20-30 y el nacionalismo de los Ezcurra Medrano, Irazusta, Palacio, Castellani, Meinvielle, etc. Esta corriente ahondó en las raíces de nuestra crisis y no dejó tema por estudiar: se ocupó de lo teológico, lo filosófico, lo político, lo económico, lo cultural, defendiendo valores e instituciones como la tradición hispano-católica, la soberanía política, la independencia económica, la justicia social, el federalismo de base municipal, la representación corporativa y contribuyendo a una revisión integral de la historia patria.

    10) Estas líneas políticas “nacionales” (conservadorismo nacionalista, radicalismo yrigoyenista), más el empuje intelectual del nacionalismo católico (que de alguna manera conectaba con la tradición del antiguo federalismo rosista) prepararon el “clima” para la aparición del justicialismo. Perón le agregó el carisma personal, las leyes sociales, la formación de un Movimiento político, etc. Todo eso hizo eclosión en el 45. Lo demás ya lo conocemos: los aciertos y los errores de Perón, la fidelidad a muchos de éstos valores de la Argentina Tradicional y también la claudicación, la presencia de proyectos y realidades formidables y paralelamente la corrupción,la demagogia, el populismo y al final, la tiranía. Pero lo importante es que el pueblo “captó” el mensaje y se identificó con el proyecto de una “Argentina Cristiana, Federal, Justa, Libre y Soberana”. Hasta pudo darse de nuevo la unión nacional y social, si las vulgaridades de Perón y las no menos injustas actitudes de la oligarquía liberal y extranjerizante, no lo hubieran impedido. Pero al menos se planteó la posibilidad, ya que el Peronismo se presentó como un Movimiento policlasista y parte de la vieja aristocracia -sobre todo nucleada en torno al nacionalismo – apoyó la “Revolución Justicialista” durante el primer gobierno.

    10) Llegamos a la Revolución Libertadora: explicable, seguramente justificable, aunque habría que estudiar el papel en ella de los británicos, de la masonería y del catolicismo liberal, corrupción de Perón mediante. Más la aparición, tolerada ya por el General, de un nacionalismo marxista dentro del Movimiento. Lo cierto es que Lonardi quizo hacer lo que había que hacer: sacar a Perón del medio, mantener lo bueno del justicialismo, conservar toda la obra social, llevarse bien con los sindicatos, restaurar a la Iglesia en el sitio de honor que le correspondía – depués del lamentable conflicto de los años 54-55 -, etc. No duró. Un golpe palaciego del sector “democrático” (con el apoyo de los radicales de línea líberal y de toda la izquierda moderada) lo sacó del medio, acusándolo de estar rodeado de “nazis” y de ser tolerante con el régimen depuesto… Y empezó la violencia, otra vez desde los sectores “ilustrados” (como Moreno y Castelli contra Liniers, como los Unitarios contra Dorrego, como Sarmiento contra los gauchos), identificados como ellos mismos decían con la “línea Mayo- Caseros”. Se prohibió el partido peronista y sus símbolos partidarios, se dejaron cesantes a muchos profesores (algunos católicos, que por ej. habían sido peronistas pero apoyaron la Revolución Libertadora debido al conflicto con la Iglesia), se intervino a la CGT…y se arrancó otra vez con el capitalismo prebendista, la sumisión al FMI, la entrega de la cultura a la izquierda y la masonería, etc…. La Revolución del Gral. Valle – contra el liberalismo rancio y laico como dice en su última carta – fue una nueva reacción nacional. Valle era católico, peronista y de simpatías nacionalistas. No era nazi ni autoritario ni zurdo. Pero Aramburu y Rojas quisieron dar una “lección” a los “negros peronistas” y a los “fachos de siempre”. Y lo fusilaron. Como a Liniers, Dorrego, Facundo, el Chacho…Lo fusilaron a él y a todos los demás que encontraron como sospechosos. Hubo algunos totalmente inocentes. Rodolflo Walsh – cuando aún era “nacional” y no un agente del marxismo, aunque ya se le notaran ciertos planteos de izquierda – denunció todo esto en su libro – alegato “Operación Masacre”. Lo lógico hubiera sido que la reivindicación de Valle y de sus postulados corriera exclusivamente a cargo del peronismo ortodoxo (no de la ortodoxia corrupta o del lópezrreguismo) y eventualmente del nacionalismo, al menos el más cercano al justicialismo. Pero aparecieron dos fenómenos que explican parte de la Guerra Civil que enlutara a la Argentina entre 1959 y 1979: el nacionalismo marxista de izquierda – al calor de la Revolución Cubana – y el catolicismo tercermundista que derivó en las teologías de la liberación de orientación comunista. Y se dio lo que hasta entonces hubiera sido inexplicable: jóvenes que bajo los símbolos de la Cruz y la Bandera y reivindicando a Rosas y los Caudillos Federales, se alistaron en las filas de la Revolución Mundial. Fue la época del “socialismo nacional”, del “revisionismo histórico de izquierda”, de la “izquierda nacional”. El clima que dio origen a Montoneros, la banda terrorista que se inició “vengando” la muerte del Gral Valle y terminó siendo parte de la estrategia cubana de infiltración en todo América. Otra vez quedamos atrapados: entre los yanquis y el soviet, como dijera Ramiro de Maeztu. O entre los yanquis y Fidel Castro, para ser más precisos. Ya sabemos que la Unión Soviética jugó a dos puntas, según sus conveniencias. Subversión, terrorismo, represión mal hecha – con asesoramiento del Primer Mundo -, etc. Pero esa es otra historia

    Fernando Romero Moreno


  5. 1) Perón no es personaje de mi agrado, más allá de sus aciertos y de su innegable carisma personal. Pudo hacer de la Argentina una Nación fiel a su Tradición, líder de Sudamérica (liderazgo de servicio, no imperialista) y a la vez , rica y justa. Su demagogia y maquiavelismo, más la acción mancomunada de los EE.UU y del gorilismo, lo impidieron. Pero hay que estudiar sus gobiernos y leer sus libros para aprender de lo bueno y de lo malo.

    2) La interpretación “gorila” que ve en el peronismo la suma de todos los males y en el 45 el comienzo de la decadencia nacional, es simplista, unilateral y falsa.

    3) El peromismo como movimiento político excede la figura de Perón y pudo ser el ámbito de reflexión y de acción de todos aquellos preocupados por una Patria justa, libre y soberana (y en parte, con aciertos y errores, lo fue). Paro que eso fuera algo serio y en serio, debió tener una marco doctrinal preciso y una conducción ética. Respecto de lo primero, Perón sólo ofreció un difuso cristianismo, que no tuvo incovenientes en permitir toda clase de “peromismos reales” (peronismos nazis, nacionalistas, socialistas, marxistas, etc) y alianzas con los grupos más dispares (masones, comunistas, simples corruptos). En suma, un cambalache. Lo segundo, ya lo dijimos: el fin justifica los medios de Maquiavelo fue el camino elegido. Así nos fue…

    4) Hoy, me parece, que el peronismo – como movimiento político – está muert: no tiene ni la fuerza ni la mística ni los proyectos del 45, ni tan siquiera los de la década del 60. Es como el radicalismo de los años 30, un elemento más de la partidocracia, liderado hoy por el kirchnerismo, que está sirviendo de plataforma para quienes quieren convertir al justicialismo en una suerte de PRI argentino, de ideología progresista e intereses económicos pragmáticos.

    5) Entiendo que sigue siendo necesario un espacio de reflexión y acción para pensar y luchar por una Argentina independiente y justa. Y para que, de lo que fueran el Peronismo y otras corrientes nacionales, pueda emerger un nuevo movimiento político, de raigambre católica y federal. Un espacio de reflexión y de acción como lo fueron el nacionalismo y FORJA en la década del 30. Pero debe haber un marco doctrinal para no caer en el cambalache. Ese marco sugiero que sea la Doctrina Social de la Iglesia, tal como la interpreta el Magisterio. Dentro de ese marco puede haber diversas miradas y propuestas “nacionales”, vengan del peronismo, del nacionalismo, del viejo yrigoyenismo, del conservadorimo nacional, del desarrollismo, de la democracia cristiana, del tradicionalismo. Ese marco puede ser una alternativa al progresismo socialdemócrata y al liberalismo individualista. Y puede ofrecer alternativas concretas (en el régimen de representación, en el modelo económico, en el problema de la deuda externa, en la política de derechos humanos, en las relaciones con el Primer Mundo, en la moral pública, en la defensa de nuestra identidad cultural) para la crisis que venimos padeciendo desde hace varias décadas

    6) No se entiende el peronismo, como no se entienden el federalismo, el alsinismo o el yrigoyenismo, si no se entiende al pueblo argentino. Eso no implica canonizar todas las costumbres populares, pero tampoco demonizarlas “por decreto”. Y el movimiento que logre poner los cimientos de una restauración genuina de la grandeza nacional, de la justicia social, de la Tradición, de la soberanía y la independencia, será un movimiento popular y caudillista, porque esa es la idiosincracia “política” de la Argentina. Si no queremos que de lo popular se pase al populismo, debemos trabajar por la formación de una clase dirigente capacitada, virtuosa, honesta, patriota y cristiana, que sea como la élite de dicho movimiento

    Fernando Romero Moreno


  6. Hi all!

    Hello world

    http://krtar.info/latex-002.html

    G’night



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