h1

Declaración social sobre la pena de muerte

12 March, 2009

DECLARACIÓN SOCIAL DE LA FEDERACIÓN ARGENTINA DE IGLESIAS EVANGÉLICAS SOBRE LA PENA DE MUERTE.

“Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos e hijas del     Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen?”
Evangelio según san Mateo 5, 43-46ª

Con una profunda preocupación pastoral, los miembros de la Junta Directiva de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas queremos aportar nuestra voz, reflexión y compromiso al debate que se ha instalado en nuestra sociedad con relación al tema de la pena de muerte. Reconocemos el derecho de toda persona y grupo a vivir en seguridad y gozar de la vida sin temores ni amenazas y estamos convencidos que la inseguridad exige una respuesta que supere soluciones simples y considere la complejidad del tema. Indudablemente la falta de acceso a una vida digna, fuentes de educación y trabajo, también es violencia e inseguridad.

Compartimos con todas y todos ustedes algunas razones que nos llevan a oponernos profundamente a la introducción de la pena de muerte en nuestro sistema de justicia y de convivencia.

·         La pena de muerte es incompatible con el Espíritu de Jesús de Nazaret, tal como lo encontramos en los Evangelios y con nuestro compromiso con la paz, la vida y la ética del amor que busca la justicia. Dignidad de las personas, seguridad y justicia no son incompatibles. Nuestra voz siempre reclamara justicia y jamás venganza. El amor evangélico supera el criterio de ojo por ojo y diente por diente y rechazamos la reparación del daño y la violencia con más daño y más violencia. La ética del amor nos lleva siempre a renovar nuestra esperanza y convicción que la redención y la rehabilitación son posibles.

·         Tenemos la certeza que la pena de muerte no es una acertada respuesta  a la inseguridad, porque no estamos solamente frente a un problema policial, sino que estamos frente a un problema profundamente social que exige respuestas sociales de diversa índole. La propuesta de la pena capital asume el argumento que los criminales realizarían una operación racional sobre el costo-beneficio antes de cometer una acto de violencia. Esa actitud es invisibilizar y desconocer que muchos de los crímenes se ejecutan bajo fuertes pasiones y la influencia de drogas y el alcohol.

·         La pena de muerte es siempre producto de inequidades. Las estadísticas y  la experiencia que surge de aquellos países que aún la aplican muestran que en definitiva son los pobres, los excluidos y los marginados los que mayormente sufren  estas condenas.

·         La pena de muerte es un método abierto a errores irremediables. Teniendo en cuenta la situación de la justicia en nuestro país tememos mucho sobre la equidad y transparencia en la aplicación de esta condena.

·         La pena de muerte ignora las responsabilidades sociales y comunitarias que subyacen a muchas situaciones de inseguridad y cierra la posibilidad de un debate franco y honesto. Indudablemente reconocemos la responsabilidad individual pero ese reconocimiento no disminuye la responsabilidad gubernamental y social y de todas las comunidades de fe,  de enfrentar los factores profundos sobre los que debemos actuar para cambiar comportamientos y realidades.

·         La pena de muerte perpetua el concepto de venganza enmascarado en el ropaje de reparación y justicia. Nos oponemos a que el estado se transforme en un instrumento de venganzas personales.

·         La pena de muerte ignora totalmente el concepto de rehabilitación. Como cristianos y cristianas comprometidos con nuestros fundamentos de fe, siempre tenemos esperanza en la redención y en la conversión de toda persona. Todo método que cierre esta posibilidad al arrepentimiento no puede ser parte de nuestras propuestas que buscan seguridad con justicia, arrepentimiento y perdón.

Advertisements

28 comments

  1. Tomado de: http://www.foromoral.com.ar/respuesta.asp?id=82

    El Catecismo de la Iglesia Católica dice: ‘…La enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte’ (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2266).

    El Papa Juan Pablo II ha vuelto sobre ella en la Encíclica Evangelium vitae recordando los siguientes puntos: permanece válido el principio indicado por el Catecismo de la Iglesia Católica; pero, como el primer efecto de la pena de muerte es ‘el de compensar el desorden introducido por la falta’ en la sociedad, ‘preservar el orden público y la seguridad de las personas’, ‘es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo’ (Evangelium vitae , nº 56).


  2. Sr. Miguel Grosso,
    ¿El Catecismo de la Iglesia Católica explicita que delitos considera de “extrema gravedad” ?. ¿Juan Pablo II enuncia en qué casos “la defensa de la sociedad solo es posible con la eliminación del reo”?.

    La aclaración serviría de mucho para comprender un poco mejor la posición de la Iglesia Católica. Si bien mi opinión contraria a la pena de muerte no variara según sea el delito cometido, me interesa saber que delitos considera “grave” la Iglesia Católica, así que si usted puede esclarecerme al respecto le quedare sumamente agradecido.

    Saludos a todos.
    Javier Blanco


  3. Javier: el discernimiento respecto de qué delitos se consideran graves corresponde al legislador no a la Iglesia. Es un problema técnico, no moral. El problema moral ya ha sido resuelto desde el punto de vista católico a partir del enunciado del Catecismo. El problema derivado de la aplicación concreta del principio es de carácter jurídico-legislativo. Tarea del político. En este caso, la prudencia del político será la virtud a tener en cuenta para apreciar la calidad de su discernimiento.


  4. Sr. Grosso,
    Entiendo pero, perdóneme que lo diga de este modo, pareciera que la Iglesia Católica, como se dice comúnmente, “tira la piedra y esconde la mano”. Nos dice.- La pena de muerte está justificada en casos de extrema gravedad, pueden aplicarla.- Y nos deja a nosotros (o a los legisladores elegidos por nosotros) decidir en cuales casos corresponde hacerlo, poniéndose, así, a cubierto de las criticas devenidas por la aplicación de semejante castigo. Luego, se cometen “excesos”, arbitrariedades e injusticias en su uso y la Iglesia nos dirá que nada de esto es su culpa ya que la responsabilidad de la aplicación de la pena de muerte corre por cuenta de la Justicia. Tendrá razón, sin duda, en la argumentación, pero se me ocurre que no es la actitud más digna para presentar. Flaco favor se hace la Iglesia al especular de esta manera con el tema si la cuestión, cabe aclarar, es así como usted la plantea (cosa que no tengo porque dudar).

    Saludos a todos.
    Javier Blanco


  5. Para mi decir que se puede aplicar la pena de muerte “cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” y prohibirla, es lo mismo…


  6. Javier Blanco: Hace tiempo que no escribo nada por estos lugares, pero ví su respuesta al Sr. Grosso, y no pude evitar poner unas líneas que quizás ayuden a entender un poco más el tema pese a que, a mi juicio, está muy claramente expuesto por Grosso.
    Si usted pretende que la Iglesia Católica redacte un código penal, le diré que no es ese su papel. Serían una especie de injerencia desubicada e improcedente en el terreno temporal. Hace ya tiempo que el mundo separó Estado e Iglesia. Si eso es bueno o malo, es otro tema que no viene al caso.
    De modo que si la Iglesia dice que ” …derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte’”, pues no queda más que pensar en aquellos casos en que se merece, si la sociedad así lo decide. E incluso, justamente después de pensar, una sociedad políticamente organizada puede llegar a la conclusión de que no, ningún delito la merece. Pero por lo menos no se puede decir que “la prohíbe”, así sin más. Y por cierto tampoco puede decirse que “la recomiende”. ¿ve la diferencia?. La historia enseña que sociedades diferentes, han encontrado diferentes maneras de lidiar con el delito, aplicar las penas, e incluso determinar su gravedad. Lo que puede ser malo hoy quizás llegue ser bueno mañana, o viceversa. Incluso hoy en día pueden existir situaciones en las que la pena de muerte puede ser socialmente aceptada, e incluso reclamada por ciertas sociedades: la rapiña en casos de desastres naturales en lo que suele haber un toque de queda, y si esa rapiña de hogares abandonados, de hogares vacíos de gente forzada a alejarse de la zona en cuestión, por poner un ejemplo, implica una seria descomposición social, que daña al cuerpo social entero, provocando pánico o incluso agravando la emergencia, no veo porque habría uno de escandalizarse si prudentemente se dictan condenas a muerte. Y pongo el acento en “prudentemente”, tal como señaló Grosso antes.
    Su argumento, por otra parte, acerca de que tira la piedra y esconde la mano por aquello de que los “excesos” no serían culpa de la Iglesia, perdone, pero no me parece serio. Sacar de el texto del catecismo que el “abuso”, “exceso”, “arbitrariedades” o “injusticias” en su uso sería culpa de la Iglesia, no me parece inteligente. Por poco que lo piense, verá que los excesos, injusticias, o arbitrariedades en la aplicación de los consejos o mandatos de cualquiera (un padre por ejemplo) son siempre culpa de quien los hace. Máxime cuando quien da el consejo, advierte sobre esta posibilidad y reclama prudencia a la hora de actuar.
    Y cierro señalando algo más: Los consejos de la Iglesia son para todos, abiertos a todo el mundo. Pero los sigue quien quiera, con total libertad. Por eso, cada uno debe “bajarlos” a sus propias circunstancias y realidades, meditándolos en su corazón, y si decide seguirlos, respetarlos en conciencia. No pretender que le digan qué hacer en toda circunstanciua y lugar. Eso se llama, después de todo, libertad.
    Saludos


  7. Javier:
    No entiendo cuál es el problema con que la Iglesia “nos deje decidir en qué casos corresponde” aplicar la pena de muerte, de hecho, las enseñanzas de la Iglesia tienden más a ser sobre criterios universales (tengamos en cuenta que la Iglesia misma es universal y está ‘destinada’ a durar desde hace 2000 años hasta que se termine el mundo, apróx.), puntas, antes que sobre casos concretos. En este tema, se aclara el punto moral: la pena de muerte es moralmente equivalente a un homicidio en defensa propia, aunque las diferencias que hay en la práctica entre uno y otro hacen que no tengan la misma aplicación. Lo que se defiende en el primer caso no es la propia vida, ni la de nuestros familiares sino la de todos los miembros de la sociedad.
    Según Rome, “decir que se puede aplicar la pena de muerte ‘cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo’ y prohibirla, es lo mismo…”. Y creo que es bastante así. En nuestras sociedades, no parece ser necesario aplicar la pena de muerte a una persona para defender al resto de la sociedad, como tal vez haya sido necesario en el pasado.

    Más allá de eso, no entiendo por qué decís que “no es la actitud más digna para presentar”. ¿Podrías explicar cómo es eso de la dignidad? ¿cuál sería la actitud más digna? (no vale responder “la mía”).

    Saludos


  8. ¡Muret!
    ¡Qué gusto, tanto tiempo!
    Ayer nomás estaba releyendo unas viejas intervenciones tuyas en el último alcázar que hablaban, desde otro ángulo, de la responsabilidad de los padres sobre los hijos.

    De acuerdo con tu comentario, únicamente te señalo algo que puede dar lugar a equívocos:

    “Lo que puede ser malo hoy quizás llegue ser bueno mañana, o viceversa. ”

    No creo. Sí cambia la valoración social y cultural de los actos con el tiempo y las circunstancias, sí cambia la sensibilidad moral, pero… No creo que eso signifique que algo malo realmente sea bueno en algún momento.

    Como siempre, un gusto saber de vos. A ver cuándo nos sorprendés con algún “certabonumcertamen reloaded” o algo así.

    Un abrazo


  9. Querido Tito: Tanto tiempo, en efecto. Un verdadero gustazo poder enviarte este abrazo electrónico.
    Y en cuanto a tus comentarios, je, ya me imaginé que traería cola. Y si, en efecto, tenés razón. La aclaración tuya vale. Se trata de la valoración de los actos a través de los tiempos y culturas, aún cuando, como vos decís, hay verdades inmutables. Gracias por aclararlo y perdón por la confusión.
    Y además, estoy totalmente de acuerdo con tu comentario anterior. Lo ponés mucho mejor que yo.
    Un abrazo


  10. Sos el mismo Tito que tan maleducamente se burló de la profesión de fe de mi hermana?


  11. No, Duaca, soy otro. Creo que con más historia en este blog.
    Una vez vi un comentario que no me gustó firmado por otro Tito y aclaré que no era yo, pero estuve sin internet y no sé qué habrá hecho mi “tocayo malvado”. De cualquier manera, espero que las diferencias entre uno y otro salten a la vista. Además, suelo firmar con puntos suspensivos después del nombre.
    No sé si Rome podrá confirmar la identidad de cada uno a partir de la dirección de mail que se ingresa al hacer comentarios.
    Saludos

    pd: acá encontré los comentarios que decía:
    #

    Ayer fue un gran día de Justicia. Sale libre el mayor patriota que haya tenido Argentina desde Lonardi: Astiz, lo odiarán siempre las endemoniadas con sus pañales en la cabeza porque con su actuación sobresaliente durante la guerra antisubversiva liquidó e hizo liquidar a varios terroristas, y porque con su audacia patriótica les demostró mayor inteligencia y coraje que sus hijos idiotas útiles, y descerebrados por la seudo-prédica guevarista. Astiz, PRESENTE !
    by Tito 19 December, 2008 at 6:43 pm
    #

    Por si hiciera falta, nuevamente me distingo de este Tito (que no soy yo).

    Tito (el más frecuente, creo)
    by Tito… 19 December, 2008 at 11:35 pm


  12. Queria saber nada mas.

    Miguel Grosso, Muret, que opinan USTEDES de la pena de muerte?


  13. Sr. Muret,
    Primeramente agradecerle que mi nota le haya provocado escribir en este blog que, evidente y previsiblemente no le debe resultar muy afín.

    Atendiendo a este gesto suyo con el que me halaga le respondo.

    Es necesario que retrocedamos sobre el debate planteado por el blog Rome al publicar la nota de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. En ella la discusión se propone desde la inconveniencia de la aplicación de la pena de muerte como respuesta al problema de la inseguridad. El Sr. Grosso nos hace saber que la Iglesia Católica está de acuerdo con la pena de muerte y utiliza este argumento, este decir de la Iglesia como, supongo, respuesta a la nota de la Federación. De lo cual es dable suponer que el Sr. Grosso piensa que la pena de muerte puede ser una adecuada respuesta para este problema y se apoya en el supuesto aval de la Iglesia.

    Ante esta declaración yo le pido más precisiones sobre el tipo de delito que la Iglesia considera grave. No pretendo que la Iglesia Católica redacte un Código Penal ni mucho menos. Un simple ejemplo, como para saber de que estamos hablando, alcanza y si el ejemplo es tan bueno como el que usted da, sobra.

    Y veamos ese caso que usted tan certeramente trae a colación. No es un caso de inseguridad. No al menos en el contexto nuestro actual que es donde estamos desarrollando el debate presente. Usted habla de una situación extrema (una evacuación masiva a partir de un desastre natural y con la implantación del toque de queda) y una pena que se aplica en el acto y luego de juicio sumarísimo. Como en nuestra discusión, el contexto es fundamental. A nadie en su sano juicio se le ocurriría penar con la muerte a alguien que roba un televisor, sin embargo, en el ejemplo que usted da, esto es perfectamente entendible.

    Estoy seguro que a usted no le tomo ni cinco minutos imaginar un ejemplo como ese y al hacerlo nos aclara a todos cuando usted está de acuerdo con la pena de muerte. Y no necesitó redactar un Código Penal.
    Teniendo en cuenta esto, ¿no es procedente que yo le pida a la Iglesia (o más bien al Sr. Grosso sobre lo que piensa la Iglesia) que me diga en qué casos considera justa la aplicación de la pena de muerte ?. ¿No sería esclarecedor enumerar tres o cuatro casos tan evidentes como el suyo?. No hacerlo permite que cualquiera (no me refiero al Sr. Grosso) utilice este parecer de la Iglesia para castigar con la pena de muerte a cualquier ladrón de gallinas. Y permite, también, que alguno sospeche que la Iglesia no aclara para que, justamente, eso último ocurra.

    Si la Iglesia diera un ejemplo como el suyo, todos tendríamos bien claro que, al igual que usted, la Iglesia piensa que la pena de muerte no es aplicable en nuestro país en la coyuntura actual.

    Saludos a todos.
    Javier Blanco


  14. Estimado Sr. Blanco: Le agradezco la respuesta. Sin embargo perítame aclararle algunos conceptos que pueden poner en contexto tanto su respuesta como la que ahora ensayo.
    En primer lugar, he sido un asiduo comentarista de este blog. Decidí dejar de hacerlo no por la afinidad ideológica del blog, sino por cuestione spersonales. Sencillamente Muret estaba hablando demasiado, y a veces me daba la sensación de que hacía mas mal que bien.
    Ahora bien. Partiendo de su primera premisa, debo hacerle notar que la Iglesia no está “a favor” de la pena de muerte, como usted dedduce. Simplemente no la descarta como una respuesta social adecuada bajo ciertas circunstancias, como de la mera lectura del catecismo puede revelar a quien lee objetivamente.
    En segundo lugar, el catecismo no es una “respuesta” a comunicado alguno. Ciertamente no lo es a la declaración de las Iglesias Evangélicas que postea Rome. A mi entender (y no puedo hablar por Grosso), el Sr. Grosso se limitó a dejar asentado que la Iglesia no descarta en algunas circunstancias la pena de muerte. No la descarta en forma absoluta, sino que más bien acepta que en ciertas circunstancias (de nuevo: excepcionales y bajo el mandato de la prudencia, virtud cardinal) su aplicación puede no ser injusta. Nada más. Nada menos.
    Y por último, permítame dudar de su objetividad cuando reclama ejemplos. Cualquiera que en su actividad diaria se haya topado con mandatos tipo “en caso de incendio rompa el vidrio”, no puede pensar que el Departamento central de Policía, División Bombeross, acepte que cualquiera vaya por la vida rompiendo vidrios. ¿Cuales son las circunstancias “extraordinarias” que bajo la virtud de la prudencia permitirían aceptar una pena de esta gravedad?. Hombre, como ya le adelanté, las sociedades no son todas iguales, y sus circunstancias varían según la situación política, geográfica, social y hasta climática. Pretender que la Iglesia diga que para la Argentina, ahora sí, es admisible la pena de muerte, es, en el fondo, pedirle que haga lo que una y otra vez le reprochan: meterse en el plano temporal y tomat indebida injerencia en el plano político no espiritual. Quizás deba aclarar que la Iglesia habla a los hombres. No a los Estados o comunidades. El catecismo es un decálogo de normas morales de aplicación personalísima. Como su adhesión o rechazo.
    De modo que, al final, los ejemplos valen para ilustrar un punto. Y poner ejemplos es mala técnica legislativa, pues pueden terminar confundiendo. Sobre todo si existe gente (y no hablo por usted) que permanentemente le busca el pelo al huevo. ¿No le parece?
    Y por último, si mi suposición acerca de su objetividad en la lectura del catecismo es errada, le pido humildemente disculpas y crea que la respuesta no se basó en esa dicha suposición. Sepa perdonar a este servidor que a veces deja salir viejas batallas en este mismo blog.
    Y Duaca: tanto tiempo, estimado. Mi posición personal es … que difícilmente pueda aplicarse acá, y la prudencia no lo exije en este momento en nuestro país. Creo (y esto es mi opinión personal), que no existen en Argentina los elementos judiciales que permitan asegurarse una aplicación, justamente, justa.
    Saludos


  15. Estimado Sr. Muret,
    Comienzo aceptándole las disculpas. Mi agnosticismo no me impide (y no tendría porque hacerlo) tener el mayor de los respetos por todos los hombres de Fe, sea cual sea la religión que hayan elegido y en especial la religión Católica que es la religión que profesan las personas que más amo en el mundo y el pueblo de nuestra Patria. De modo que las “normas morales” por las que se rigen esas personas me merecen, por añadidura, la misma valoración.

    Debo insistir en que mi pedido de precisiones responde al involucramiento que el Sr. Grosso hace de opiniones vertidas por la Iglesia para oficiar de respuesta a la declaración de la Federación. Obviamente, el catecismo en sí mismo, no es una respuesta a nadie, pero lo es desde el momento en que una norma ahí expresada es utilizada por alguien (en este caso el Sr. Grosso) para terciar en algún debate (como el nuestro). ¿ Me explico?.

    No es a la Iglesia a la que le pido especificaciones. Es al Sr Grosso al que interrogo sobre qué información maneja él sobre ellas. En el fondo intuyo que las precisiones que haría la Iglesia serian las mismas que usted mismo hace. Si la Iglesia diera un ejemplo seria como el suyo. Y la evidente conclusión del mismo es la postura que yo mismo anticipe y usted confirma en su respuesta a Duaca. En el contexto actual usted no la recomienda. Estoy seguro que la Iglesia diría lo mismo. Con lo cual, para justificar una opinión favorable a la implementación de la pena de muerte en nuestro país, en la actualidad, no debe utilizarse a la Iglesia como aval.

    Está claro que ”poner ejemplos es mala técnica legislativa”, pero como la Iglesia no legisla (tal cual hemos acordado) puede permitirse darlos para “ilustrar un punto”. Igualmente, insisto, yo creo que la Iglesia diría lo mismo que usted sobre la aplicación de la pena de muerte en la Argentina pero parece, al menos, que el Sr Grosso piensa distinto sobre que opinaría la Iglesia. Si no es así supongo que el Sr. Grosso nos lo aclarara en breve.

    Saludos a todos.
    Javier Blanco

    Sr. Tito,
    Discúlpeme, le responderé a su pregunta a la brevedad


  16. Sr. Tito,
    ¿ En tan mala consideración me tiene que supone que podría responder a su pregunta con semejante individualismo y soberbia ?. Obviamente, mi respuesta no será “la mía”.

    No me parece una respuesta digna de una institución como la Iglesia aquella que permita acomodarse a cualquier interpretación que quiera dársele. En este caso, dejar librado al criterio personal, cuando un delito es de “extrema gravedad”. Tal es así que el Sr. Grosso se ha permitido traer este parecer a mediar en el debate sobre la aplicación de la pena de muerte en la Argentina.

    De todas formas, yo creo que, al igual que Muret y que usted, la Iglesia tampoco recomendaría la pena de muerte en la Argentina hoy. Y estoy seguro también, que algún miembro de la Iglesia habrá dado alguna vez alguna precisión al respecto, no con referencia a la Argentina concretamente pero si se habrá explicitado en qué contexto y que crimen pudiera merecer semejante castigo.

    Saludos a todos.
    Javier Blanco


  17. Javier:

    “La mía” es la respuesta que das implícitamente desde el comienzo. Es decir, criticás la posición de la Iglesia en un tema en el que vos mismo tenés una posición (que ya enunciaste). Decís que la de la Iglesia “no es la más digna” y, quiero creer, vos intentás actuar dignamente, por lo tanto, lo más probable es que tu actitud esté de acuerdo con lo que considerás “lo más digno”.
    Si te pedí una respuesta diferente, fue para que explicitaras qué tendría que hacer (según vos) la Iglesia y por qué eso sería “más digno”.
    Creo que aún no has dado una respuesta, a menos que te refieras a que tendría una actitud más digna por el sólo hecho de dar un ejemplo. Si es así, debo decir que no acuerdo con vos, que me parece medio caprichoso exigir algo así. Más aún, teniendo en cuenta lo yo dicho por Muret y por mí, acerca de la universalidad de la Iglesia y de la consecuente dificultad para dar un ejemplo apropiado (incluso después si la Iglesia te diera el ejemplo que pedís podrías quejarte diciendo que hay muchos casos más, que se le está dejando la puerta abierta al abuso, etc.).
    Mirá lo que decís acerca de los excesos: “la Iglesia nos dirá que nada de esto es su culpa”.
    Por supuesto que no es su culpa, sería descabellado ir a reclamarle por esos excesos cuando el principio moral definido es claro.

    En lo que se refiere a este debate, creo que estás malinterpretando las cosas al decir lo siguiente: “El Sr. Grosso nos hace saber que la Iglesia Católica está de acuerdo con la pena de muerte y utiliza este argumento, este decir de la Iglesia como, supongo, respuesta a la nota de la Federación.”

    Sin conocer a Grosso, apuesto que su breve y preciso comentario se refería a esta oración de la declaración: “La pena de muerte es incompatible con el Espíritu de Jesús de Nazaret, tal como lo encontramos en los Evangelios”.
    Si leés detenidamente sus comentarios, en ningún lugar da a entender que la aplicación de la pena de muerte sea recomendable en nuestro país. Únicamente refuta esa afirmación de la Federación, que hacía incompatible la Fe cristiana con la pena de muerte, aparentemente de manera absoluta.

    De hecho, la segunda cita (evangelium vitae) lo que hace es ‘suavizar’ la primera, hablando de cuestiones a tener en cuenta para no aplicar la pena capital. Si Grosso hubiera querido argumentar a favor de la aplicación inmediata de la pena de muerte en nuestro país, refutando a la declaración de la Federación, como decís, no hubiera publicado esa segunda cita. Al menos, así lo veo yo.

    Perdón por lo largo…

    Saludos

    pd: no me parece que esto tenga sentido: “Está claro que ‘poner ejemplos es mala técnica legislativa’, pero como la Iglesia no legisla (tal cual hemos acordado) puede permitirse darlos para ‘ilustrar un punto’.”
    O sea, el ejemplo no es conveniente porque su enseñanza moral, al igual que una legislación, podría ser tomada para cualquier lado.


  18. Pero uds. no piensan que la aplicación de la pena de muerte es incompatible con la fe cristiana? No debería serlo? Yo soy cristiano y no encuentro donde puedan ser compatibles, más allá de que se hable de ocasiones extraordinarias, sigue siendo incompatible. Situaciones extraordinarias existen también para la comisión de cualquier mala acción.


  19. […] Declaración social sobre la pena de muerte […]


  20. […] Declaración social sobre la pena de muerte […]


  21. Duaca:
    Como ya dije, creo que la pena de muerte es una versión social del homicidio en defensa propia. EN PRINCIPIO, ninguna de las dos cosas parece incompatible con la fe cristiana. En la práctica, la primera es mucho más difícil de justificar.
    Ya que estamos, ¿vos qué pensás del ‘derecho’ a la propia defensa (o la de tu familia)?


  22. No creo que la aplicación de la pena de muerte sea una versión social del homicidio en defensa propia. No me parece.
    Mientras uno responde a un impulso de autopreservación de la propia vida, a cuestión de reflejos tal vez, a una situación puntual y extrema (tanto es asi que muchos “homicidios en defensa propia” son punibles, por el “exceso” que se produce.

    En cambio la pena de muerte es una institución, que tiene procesos, tiene legislaciones, tiene lógicas temporales totalmente distintas, tiene un sentido que va más allá de la preservación de la vida y que yo lo veo más emparentado con la venganza, la normalización y el control social.

    Creo que son dos cosas distintas. Una cosa es que me defienda de un ataque, y otra cosa es que ante la certeza de que alguien, luego de un proceso judicial es culpable de la comisión de un delito, el estado mismo se encargue (ya no de defenderme en una situacion de peligro inminente)de matarlo. Aqui no hay emociones, ni reflejos, ni impulsos. Hay una cuestion pensada “vamos a matar a este tipo”.


  23. Jesús sufrió la pena de muerte de modo injusto. Sin embargo protestó su inocencia pero no la pena de muerte en sí.


  24. Duaca:
    Creo que la cuestión moral es la misma: ¿es lícito quitarle la vida a una persona para evitar que dañe a otra?
    Las diferencias que señalás se refieren a las circunstancias del acto, aunque son tan importantes que hacen que sea extremadamente difícil justificar la aplicación de la pena de muerte en un caso concreto.


  25. Sr. Tito,
    A esta altura supuse que ya habría quedado claro que mi interrogación no es a la Iglesia sino al Sr. Grosso sobre lo que él presume que piensa la Iglesia.
    Mi error fue el no aclararlo en mi primer respuesta al Sr. Grosso aunque en la segunda y al final hago hincapié en “si la cuestión es así como usted la plantea”. Quizás debí repetir la aclaración y hacer mas énfasis en la misma.
    Tratare de subsanar el error ahora.
    Estoy completamente seguro que la Iglesia no recomendaría la aplicación de la pena de muerte en la Argentina hoy. Pero sigo pensando que el Sr. Grosso no piensa lo mismo. Interpreto su nota de manera distinta que usted. Siempre que hacemos la referencia a la pena de muerte, a mí entender, lo estamos haciendo en el debate instalado en nuestra sociedad en este momento, o sea, aplicar la pena de muerte en la Argentina como respuesta a los casos de inseguridad. Yo al menos no estoy analizando a la pena de muerte en forma abstracta y descontextualizada. Sino, me parece, el debate no tendría mucho sentido o tendría un sentido totalmente distinto.
    No creo que la discusión sea si la Iglesia condena o no la pena de muerte. Creo que la discusión es si la Iglesia condenaría o no la implementación de la pena de muerte en la Argentina de hoy. Diferencia sutil pero evidentemente sustancial. ¿ No lo cree ?.
    Aunque por ahí no entendí nada y la discusión si es la que yo creo que no es. Esto también es una posibilidad.

    Saludos a todos
    Javier Blanco


  26. Javier:

    Al menos sacamos algo en limpio: interpretamos los comentarios de Grosso de manera completamente distinta.

    “Creo que la discusión es si la Iglesia condenaría o no la implementación de la pena de muerte en la Argentina de hoy.”

    Antes que la aplicación en un caso concreto, habría que ver el caso abstracto, es decir, ¿es -en alguna circunstancia- lícita la aplicación de la pena de muerte?
    Decís que ese debate no tendría mucho sentido, pero yo creo, por el contrario, que es el primero a tener en cuenta* (y justamente por eso es lo único que se dice al respecto en la enseñanza de la Iglesia). De hecho, este es el primero de los puntos tratados en la declaración de la Federación, cuando exponen sus razones: “La pena de muerte es incompatible con el Espíritu de Jesús de Nazaret”.
    Luego agregan razones que podríamos llamar ‘prácticas’, pero la primera es esa, la pena de muerte no es moralmente lícita.

    Con su comentario, Grosso no atacó ninguna de esas razones prácticas, que hacen a la aplicación concreta en la Argentina hoy día, sino que opuso la enseñanza de la Iglesia Católica acerca de la pena de muerte ‘en abstracto’ a lo expresado por la Federación en el mismo sentido.
    Y tiene sentido, porque si acordamos en que la pena de muerte no es “moralmente lícita” ya no hay necesidad de dar más razones.

    “Creo que la discusión es si la Iglesia condenaría o no la implementación de la pena de muerte en la Argentina de hoy.”

    Finalmente, creo que no. La discusión es si como sociedad nos parece moralmente aceptable (y primero habría que definir si es moralmente aceptable ‘en abstracto’).

    Saludos

    *Suele pasar que se saltea este primer debate también en otros temas, presentando sólo argumentos ‘concretos’, es decir, emocionalmente movilizadores. Pasa con la inseguridad cuando se habla de declarar imputables a los menores, por el hecho concreto de que ‘cometen muchos delitos’; pasa con el aborto, cuando se habla de las madres muertas en abortos clandestinos pero se omite el debate acerca de la entidad del ‘hijo’.
    Creo que lo que debemos hacer es recuperar esos ‘debates abstractos’, analizar si algo está bien o está mal más allá de lo que nos convenga. Luego, aplicar lo que decidamos bien en ‘concreto’. Pero no al revés. Como dice el viejo y conocido refrán: “vive como piensas o terminarás pensando como vives”.


  27. El viernes me encontré con un chico de 6 años. Estaba descalzo, drogado y con bastante hambre. Estaba en el centro de una ciudad del conurbano, pidiendo comida en un paseo comercial.
    De estos pibes me cruzo varios. A ellos no les preocupa la pena de muerte; cuando desde mi indignación (cuasi) de señora gorda les pregunto por qué no cuidan su vida ellos me responden “¿para qué?”. Y la verdad, lo intento y lo intento pero, en el fondo, no sé qué contestarles…
    Es cierto que a nadie le gusta que uno de estos pibes le roben y hasta lo maten. Hace unos días perdí una bicicleta (e intento sostener un pensar que supere las contradicciones aparentes: creo que necesitamos urgentemente una política social inclusiva de fondo y también nuevas políticas de seguridad)
    Ahora, el problema no creo que sea si la justicia utiliza o no la pena de muerte en nuestro país. Creo que el problema es que la pena de muerte existe hace bastante…


  28. Los evangélicos -parece- se olvidaron de Martín Lutero:

    “Esta ley de la espada existió desde el comienzo del mundo, … que hay que matar a los asesinos. Después del diluvio, Dios expresamente lo ha impuesto y confirmado, diciendo en Génesis 9, 6: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre debe ser derramada” …” porque todos los que tomen espada, a espada deberá perecer” [Mateo 26, 52] lo que es entendible como en Génesis 9, 6: “El que derramare sangre de hombre” etc. Sin duda alguna Cristo hace referencia con estas palabras a aquella cita y con esto quiere [nuevamente] implementar y confirmar esta sentencia.”

    (Martín Lutero, Die weltliche Obrigkeit und die Grenze des Gehorsams [La autoridad mundial y el límite de la obediencia], en Martín Lutero, edición de bolsillo, tomos 5, Berlín 1982, pág, 112.)

    Hay unas 45 citas coincidentes del “reformador” aquí:

    http://www.theologe.de/martin-lutero_jesus-de-nazaret.htm

    Cordiales saludos.



Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: