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Carta de un sacerdote al NYT

21 October, 2011

Querido hermano periodista:

Soy un  simple sacerdote católico.  Me  siento  feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años  que vivo  en Angola como misionero.

Veo  en muchos medios de información, sobre todo en   vuestro periódico la ampliación del tema en forma  morbosa,  investigando en detalles la vida de  algún sacerdote pedófilo. Así  aparece uno de  una ciudad de USA, de la década del 70, otro en  Australia de los años 80 y así de frente, otros  casos recientes…  Ciertamente todo condenable!  Se ven algunas presentaciones  periodísticas  ponderadas y equilibradas, otras amplificadas,  llenas  de preconceptos y hasta  odio.
 Me da un gran dolor por el profundo mal  que personas, que deberían de ser  señales del amor de Dios, sean un  puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que  justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia  no puede estar, sino del  lado de los débiles,  de los más indefensos. Por lo tanto todas las   medidas que sean tomadas para la protección,  prevención de la  dignidad de los niños será  siempre una prioridad absoluta.
Pero ¡Es  curiosa la poca noticia y desinterés por miles y  miles de sacerdotes que se consumen por   millones de niños, por los adolescentes y los más  desfavorecidos en  los cuatro ángulos del  mundo! Pienso que a vuestro medio de   información no le interesa que yo haya tenido que  transportar, por caminos minados en el año 2002, a  muchos niños desnutridos desde  Cangumbe a  Lwena (Angola), pues ni el gobierno se  disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que  haya tenido que enterrar decenas  de pequeños  fallecidos entre los desplazados de guerra y los que  han  retornado; que le hayamos salvado la vida  a miles de personas en México mediante el único  puesto médico en 90.000 km2, así como con  la  distribución de alimentos y semillas. Que hayamos  dado la  oportunidad de educación en estos 10  años y escuelas a más de 110.000 niños…
No es  de interés que con otros sacerdotes  hayamos  tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca  de 15.000  personas en los acuartelamientos de la  guerrilla, después de su   rendición, porque no llegaban los alimentos del  Gobierno y la ONU.  No es noticia que un  sacerdote de 75 años, el P. Roberto,  por las  noches recorra las ciudad de Luanda  curando a los chicos de la  calle, llevándolos  a una casa de acogida, para que se  desintoxiquen  de la gasolina, que alfabeticen  cientos de presos; que otros sacerdotes, como P.  Stefano, tengan casas de pasaje para  los chicos  que son golpeados, maltratados y  hasta violentados y buscan un   refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80  años, pase casa  por casa  confortando los enfermos y desesperados. No es  noticia que  más de 60.000 de los 400.000  sacerdotes, y religiosos hayandejado su tierra y su  familia para servir a sus hermanos en  una leprosería,  en hospitales, campos de  refugiados, orfanatos para niños acusados  de  hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con  Sida, en  escuelas para los más pobres, en  centros de formación profesional, en centros de  atención a  seropositivos… o sobretodo, en  parroquias  y misiones dando motivaciones a la  gente para vivir y amar.
No es noticia que mi  amigo, el P. Marcos  Aurelio, por  salvar a unos  jóvenes durante la guerra en Angola, los haya   transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su  misión haya sido ametrallado en el  camino; que el hermano Francisco,  con cinco  señoras catequistas, por ir a ayudar  a las áreas rurales más  recónditas hayan  muerto en un accidente en la calle; que decenas de  misioneros en Angola hayan muerto por falta de  socorro sanitario, por una simple malaria; que otros  hayan saltado por los aires, a causa de una mina,  visitando a su gente. En el cementerio de  Kalulo  están las tumbas de los primeros  sacerdotes que llegaron a la  región… Ninguno  pasa los 40 años.
No es noticia acompañar la  vida  de un Sacerdote “normal” en su día a día,  en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido  su vida a favor de la comunidad que sirve.
La  verdad es que no procuramos ser noticia, sino   simplemente llevar la Buena  Noticia, esa noticia que sin  ruido  comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un  árbol que cae que  un bosque que  crece.

No pretendo hacer una  apología de la  Iglesia y de los sacerdotes. El  sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un  simple hombre, que con su humanidad busca seguir a  Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas  y fragilidades  como en cada ser humano; y  también belleza y bondad como en cada   criatura…
Insistir en forma obsesionada y  persecutoria en un  tema perdiendo la visión de  conjunto crea verdaderamente caricaturas   ofensivas del sacerdocio católico en la cual me  siento  ofendido.
Sólo le pido amigo  periodista, busque la Verdad, el  Bien y la  Belleza.
Eso lo hará noble en su  profesión.

En  Cristo,

P.  Martín Lasarte  sdb

One comment

  1. Impecable, lindo de ller.



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